4. Trabajo en equipo.

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Demian.

Recibimos nuestra comida y fuimos a sentarnos en una mesa, comenzamos a conversar animados de temas irrelevantes y sin sentido, de las clases que veríamos este semestre, de los profesores que queríamos que estuvieran con nosotros, la culminación de los trabajos de grado, las últimas conquistas de Ámbar o de los desplantes que Mat les hizo a todas las chicas que intentaron cazarlo este verano y seguimos así hasta que nos tocó ir a nuestra siguiente clase.

Cuando ingresamos al salón de clases estaba casi vació, y no entendíamos el porqué de la situación, nos fijamos que en el tablero había escrito un mensaje con una letra muy elegante que decía: "La clase de hoy se cancela, nos vemos el próximo día".

—Mierda, y ¿no nos podían haber avisado con más tiempo? —se quejó Matías— que falta de respeto tienen con nosotros.

—Cálmate Mat, no pasa nada, quizás a la profesora se le presentó algo de último momento —razonó con él Luisa— no debes de alterarte así por una cosa tan simple, no seas bobito.

—Si Mat, hazle caso a Lu, ella siempre tiene la razón y tú estás armando una tormenta en un vaso de agua, deja de ser tan explosivo —lo reprendió Ámbar.

—Chicos ya que no tenemos clases hasta mañana, que tal si nos vamos al centro comercial a comprar ropa nueva —dije, mientras todos me miraban— alguien por aquí —dije señalando a Carlos— necesita un cambio urgente de estilo —terminé de decir y le tiré un beso fingido al chico.

—Oye, esta ropa la compre la primavera pasada —se defendió Carlos—, o ¿fue la anterior? —sonaba confundido—, y tú no tienes ningún derecho de decir nada, no has cambiado ese par de tennis desde hace unos 4 años —dijo señalando mis convers favoritas—, recuerdo que esos mismos los traías el primer día de clase del primer semestre.

—Tú no te metas con mis zapatillas, siempre me han dado mucha buena suerte —me defendí— pero bueno, que dicen, nos vamos al centro comercial o se van a sus casas.

—Yo voy —dijo Lu.

—Y yo —dijo Am.

—Pues yo también voy —dijeron Mat y Carlos al mismo tiempo.

—¡Entonces no hay nada más que decir, nos vamos! Am tú me llevas a mi —le dije a Ámbar que ya estaba saliendo del aula.

—Por supuesto bebito, yo te llevo —respondió Am, utilizando ese mote que sabía que me molestaba.

—¿Cuántas veces te he dicho que no me digas así? — y salí persiguiéndola fuera del aula.

Llegamos al centro comercial y nos dirigimos a las tiendas de ropa, para poder comprar algo de ropa nueva, la verdad es que me hacía falta tener algo nuevo, quizás unos tennis nuevos o algo parecido.

—Carlos, ya que te empeñas en señalar que tengo estos tennis desde que nos conocemos, deberías de acompañarme a buscar unos que me queden bien —lo tomé del brazo y lo llevé en dirección a las tiendas de zapatos.

—No, no quiero —dijo él.

—Pues lo siento, tú vas conmigo.

Después de dejar a las chicas en una tienda de ropa, Mat, Carlos y yo nos fuimos directo a una tienda en la que se veían unos zapatos bastante bonitos y a un buen precio, no es que de verdad buscara ofertas, pero si podía ahorrar algo de dinero, mejor para mí.

La compra de zapatos fue rápida, yo salí con dos pares nuevos, igual que Mat y Carlos solo compró uno, yo me ofrecí a regalarle el otro, pero el muy estúpido dijo que no, eso es algo lindo y lo comprendo en parte, pero no deja de crearme algo de conflicto que haya rechazo mi oferta.

Me and My Broken Heart.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora