Ámbar.
El viaje en auto fue una tortura, se podía notar la tensión en el aire. A pesar de que Kaleb tenía la cabeza apoyada en el cristal de la puerta, sabía que no estaba dormido como aparentaba estar.
Demian no abrió la boca en todo el recorrido desde la universidad hasta su casa, y yo no quise cortar el silencio.
Intentaba no hacer ruido, ni siquiera al respirar. Estuve con las uñas clavadas en el asiento trasero, esperando que la bomba, que iba en el asiento del copiloto, estallara y dejara nuestros cuerpos esparcidos en medio de la calle.
Después de unos minutos que me parecieron eternos, llegamos al edificio donde vivía mi amigo. Bajamos a los sótanos y después de que el auto estuviera estacionado, descendimos en el mismo silencio incomodo y caminamos hasta el elevador.
Cuando las puertas del aparato se abrieron, rogué con toda mi alma que algún otro habitante del edificio se subiera. Para mi mala suerte no había nadie más y la recepción vacía nos dio la bienvenida.
Por fortuna detrás del mostrador una sonrisa hermosa me saludaba. Mike estaba de turno ese día y eso me alegraba un poco el día.
Demian intercambió unas cuantas palabras con el guarda y después se volvió a subir al ascensor con Kaleb como su sombra.
Cuando las puertas se cerraron, dejé salir un suspiro muy sonoro, que resonó por toda la habitación.
Mike me miró con una ceja arqueada, mientras se acercaba con un manojo de llaves en las manos.
—¿Pasa algo? —preguntó intrigado.
Me quedé en silencio por unos segundos, analizando si debía de decirle todo lo que estaba sucediendo, pero al final decidí que la vida privada de Demian no era algo que él necesitara saber.
—Nada —dije elusiva—. ¿Esas son las llaves del gimnasio?
Frunció el seño y asintió con la cabeza. Sin mediar otra palabra, se encaminó a un pasillo, dejándome ver su perfecto y hermoso trasero enfundado en sus estrechos pantalones de trabajo.
Silbé con morbo, él ni siquiera se giró para verme, pero su caminar se volvió un poco más sensual. Sabía que a los hombres les encantaba que les hicieran ese tipo de "halagos", incluso más que a la mayoría de las mujeres. Podía jurar que tenía las mejillas tan rojas, como la camisa de su uniforme, así que decidí que serpia un poco más atrevida.
Llegamos hasta el frente de una puerta de cristal, que el abrió con una de las llaves que llevaba en el manojo de sus manos. Abrió la puerta y la sostuvo mientras me daba paso.
Le guiñé un ojo y él se sonrojó un poco más, lo que me dio una gran idea. Cuando estuve dentro del gimnasio, él se giró como para volver a su puesto de trabajo. Aproveché la oportunidad y dando un largo paso, alargué mi mano y apreté una de sus nalgas, él dio un salto y me miró con una cara de pánico increíble.
—Desearía ver ese par de monumentos sin tanta ropa —le solté con la mayor sensualidad que pude.
El color rojo de su cara, era igual al de una tetera llena de agua hirviendo. Se giró con rapidez y apresuro el paso para alejarse lo más posible de mí.
Solté una risotada que llenó el espacio vacío del gimnasio. Siempre me había gustado poner nerviosos a los hombres que me atraían. Si eran capaces de soportar lo traviesa que podía ser, merecía la pena darles una oportunidad.
Esperaba que Mike fuera uno de esos buenos tipos que soportaran mi intensidad. Pero eso no lo podía saber hasta que él diera el próximo paso.
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Me and My Broken Heart.
Romansa¿Como se puede definir el amor? Y ¿el desamor? Demian es un hombre de familia que fue criado con los mejores valores y con las más altas espectativas frente a la sociedad y lo que él podía hacer para servirle al resto de mundo. Siempre ha querido se...
