39. Resaca Moral.

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Ámbar.

Después de salir huyendo del restaurante, regresé a mi apartamento. No me quedaba mucho tiempo para que él llegara en su auto a recogerme. Tenía que correr a la ducha, vestirme con la ropa más sensual que tuviera, incluyendo la lencería de encaje que alguna vez me había regalado, maquillarme para quedar despampanante y esperarlo en la puerta de casa, como si fuera una colegiala enamorada, ansiosa por ver al chico mas popular de la escuela llegar por ella.

Nuestra historia siempre había estado marcada por una terrible sensación de presión y obligación acompañadas de un asco profundo, que intentaba disimular, pero que muy pocas veces lo lograba, pero a él no le importaba en lo más mínimo.

Tener que fingir con mis amigos y mis padres, tener que interpretar ese papel y decir que todo estaba bien, cuando por dentro sabía que la vida se me iba poco a poco, era cada vez más complicado. Esa horrible sensación de estarme pudriendo poco a poco, que no se me podía quitar, por más que lo intentara y me concentrara en los beneficios que habían llegado a mi vida junto con él, era una constante cada día.

Conservar la buena energía, esa actitud cautivadora que a todos atraía, cuando dentro de tu mente sabes lo que has hecho, que te hace sentir sucia, usada y como si la existencia solo se basara en complacer a otros, era una de las tantas batallas diarias que luchaba contra mi propia mente.

Sus llamadas siempre provocaban que recordara lo desamparada que me había sentido en ese momento de mi vida, en que me había visto forzada a comenzar con toda esa locura. A veces pensaba que esa era la razón por la que siempre intentaba que todo a mi alrededor estuviera en las mejores condiciones. Como diría un terapeuta, estaba intentando compensar el daño de mi pasado, con el bienestar de otro, dejando de lado todo lo que me había sucedido.

Y quizás suene un poco malagradecida, y con mucha probabilidad lo sea un poco. Solo le reprocho que, por su culpa, mi vida no sea como la había soñado cuando era una niña. Y si, tal vez tenga mas de lo que me merezco, pero ciertas cosas de mi vida, nunca las podré tener y todo eso, él me lo arrebató, me encerró en una situación de la que no podía salir y me obligó a tomar esa decisión.

A pesar de que le guardo un poco de rencor, estoy agradecida por todo lo que ha hecho por mí. Estoy segura que sin su ayuda no estaría en el lugar en el que he llegado a encontrarme. Su ayuda, sus detalles y regalos, incluso sus consejos han hecho de mi vida, una un poco más fácil de vivir. La forma en la que me trataba, cuando no quería tener sexo, me hacía sentir amada y apreciada, incluso puedo atreverme a decir que le importaba. Pero lo más importante de todo, era que podía estar en la universidad y hacer lo que quisiera sin tener que estar preocupada por la situación económica de mis padres.

Miré el reloj de pulsera que había elegido para esa noche, y me percaté que no había pasado mucho tiempo desde que había dejado a mi futuro novio plantado en una cena, en medio de una cita. Solo podía imaginar lo traicionado y desilusionado que se debió sentir, cuando se dio cuenta que ya no regresaría a la mesa en la que estábamos sentados.

Mientras esperaba, sentada en mi sala de estar, mi teléfono no dejaba de vibrar. Después de tanto tiempo ya ni me fijaba en él, sabía quién estaba escribiendo o llamando. Al principio, quise contestar alguna de sus llamadas, pero no me sentía preparada para enfrentarlo. No todavía. Si le contestaba, ¿Qué le diría? ¿Cómo le explicaba que el hombre que me había chantajeado por tantos años, había llamado para verme? ¿Cómo podría volver a mirarlo directamente a los ojos, sin sentirme avergonzada? ¡No podía! No tenia la fuerza para hacerlo. Solo con pensarlo mis piernas se descontrolaban del violento temblor que se apoderaba de mi cuerpo.

En un momento mi teléfono dejó de vibrar. En la pantalla había una larga lista de llamadas perdidas desde su número, incluso de otros que no conocía. También se dejaba ver el icono de los mensajes de texto. Al desbloquear el aparato, pude darme cuenta de la magnitud de lo que había pasado. Muchos de sus mensajes eran preguntando por mi seguridad, en sus palabras se notaba que estaba sinceramente preocupado por mi bienestar, su ultimo mensaje me dejó con el corazón en la mano. Rogaba que estuviera bien, esperaba que lo llamara en cuanto pudiera y deseaba que nada malo me hubiera ocurrido.

Me and My Broken Heart.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora