Carlos.
El domingo después de la cena, desperté en la cama de Demian, un fuerte dolor de cabeza me estaba taladrando la cabeza, parecía como si un batallón de obreros estuviera trabajando, a marcha forzada, dentro de ella.
Había descansado muy poco y sentía la garganta supremamente seca, tanto que incluso me dolía respirar y al intentar hablar era como si tuviera un clavo ardiendo dentro de ella. Las resacas siempre me han pegado mucho más duro de lo que le afectan a otros, no entiendo como aún sigo intentando tomar al mismo ritmo que Lu o Mat; eso me gano por iluso.
—Juro que no vuelvo a tomar vino, en toda mi vida —pude articular por fin, aunque lo que salió de su boca era una total mentira.
Miré la cama en la que había dormido, y me di cuenta que Demian ya no estaba, pero Mat se encontraba acostado en medio de la cama, con las sabanas enrolladas alrededor de la cintura y con el abdomen descubierto.
Debo de admitir que mi amigo tiene un cuerpo envidiable, quisiera tener la misma tenacidad que él tiene para ir al gimnasio y por lo menos rebajar el poco sobrepeso que tengo. No es que me sienta mal con mi cuerpo, pero si debería de tener un poco más de actividad física, por lo menos eso me ayudaría a conseguir una novia.
Mientras miraba el cuerpo de Matías, a mí me mente llegaron unas imágenes un tanto extrañas, no por la situación sino por los protagonistas.
En mi pensamiento estaba gravada una imagen de Demian y Matías entrando al baño juntos y cerrando la puerta, luego me pareció escuchar un ruido como de quejidos que provenían de dentro de ese espacio, para terminar con el resto de la imagen en blanco.
—¿Será que mis dos amigos tuvieron sexo? —me pregunté en voz alta, pero no podía llegar a una conclusión.
Me levanté de la cama y me dirigí al baño privado de Demian, me desnudé y me metí debajo de la ducha de agua fría. Necesitaba despejar mi cabeza, y esto era lo mejor que se podía ocurrir para que me ayudara un poco con los síntomas de la resaca.
Pensé en llamar a mi jefe para excusarme y no ir a trabajar a la librería, pero inmediatamente descarté la idea, necesitaba el dinero y no podía desperdiciar unos cuantos billetes, solo porque me había sobrepasado con el alcohol. Mis padres contaban con lo poco que les podía enviar, dos de mis hermanos ya se encontraban en la universidad y aunque habían corrido con suerte y estaban becados, también trabajaban y mandaban algo de dinero para los gasto de nuestro hogar.
Salí del baño aún más cabizbajo de lo que había entrado, la situación de mi familia no era la mejor en ese momento. Mi madre se había enfermado y a mi padre lo habían despedido de su empresa en un recorte de personal; con dos bocas más que alimentar, los pocos ahorros que tenían se habían gastado en comida y en parte de los tratamientos de mi madre, así que mis padres habían pedido un poco de ayuda para poder solventar todo lo que estaba pasando, mientras que mi madre mejoraba o mi padre encontrara un buen trabajo.
Me quedé de pie en la puerta de la habitación, con una toalla enrollada en la cintura, mi ropa sucia en una mano y los boxers mojados en la otra. no me acordé de quitármelos antes de entrar a la ducha, y ahora solo tenia dos opciones: la primera era no colocarme ropa interior y la segunda era llamar a Demian y pedirle ropa prestada.
No quería ser una molestia y mucho menos que él pensara que me estaba aprovechando de su amistad, así que decidí colocarme la misma ropa con la que había estado durante toda la noche. Pero cuando la descargué sobre la cama y me dispuse a colocarme el pantalón me di cuenta que tenía una horrible mancha en la parte trasera y parecía que me había hecho del dos en los pantalones y la camisa estaba en peores condiciones.
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Me and My Broken Heart.
Romantiek¿Como se puede definir el amor? Y ¿el desamor? Demian es un hombre de familia que fue criado con los mejores valores y con las más altas espectativas frente a la sociedad y lo que él podía hacer para servirle al resto de mundo. Siempre ha querido se...
