Luisa.
Estaba encerrada en una habitación oscura, no entraba absolutamente nada de luz desde ningún lugar, llevaba no sé cuántos días allí encerrada, solo sabía que querían atraer a mi madre, aunque, no sabía para qué.
La mujer de la que me había enamorado, era la misma que me había secuestrado y me había dejado en este horrible lugar, solo la había visto un par de veces, cuando ella misma se dignaba a traerme algo de comer o de beber, para que no muriera de inanición.
En una de sus cortas, esporádicas y terroríficas visitas, ella intentó comportarse como lo hacía cuando aún creía en ella, pero el terror y el pánico que me había metido dentro de los huesos pudo más y me alejé de ella como un cachorro asustado.
—Si me escucharas, quizás te darías cuenta de que no soy la mala en toda esta historia —dijo antes de salir por la puerta.
—Dejame libre y me demostrarás que no eres la persona que estoy pensando que eres —dije con amargura.
—Eso no es posible.
—Entonces largate, no te quiero volver a ver.
Ella simplemente salió del lugar y nunca más volvió a regresar, eso se lo agradecía, en el fondo no la odiaba, muy en el fondo de corazón aun sentía muchas cosas por ella, y todas esas cosas me impedían odiarla.
Mis días encerrada, eran una rutina, en la mañana, suponía que era de mañana, me llevaban un plato con una mezcla insípida y de mal olor y un vaso de agua, se iban y me dejaban allí a oscuras de nuevo, después de otro rato, supongo que eran horas, alguien volvía a ingresar al cuarto, me colocaban una bolsa negra en la cabeza y me llevaban al baño, donde debía de hacer mis necesidades y al terminar volvían a arrastrarme hasta el cuarto oscuro otra vez, y al finalizar el día me llevaban otro plato de comida, que tenía que comer a oscuras.
Pero todo eso cambió un día, encendieron las luces del cuarto en el que estaba y un hombre muy mayor ingresó y se quedó parado frente a mí.
—Te pareces mucho a tu padre —dijo sin saludar o presentarse.
No respondí nada, solo me quedé allí sentada, tampoco tenía otra opción, mirándolo a los ojos y sin siquiera respirar.
—Lastima que tengamos que hacer esto —volvió a hablar el mismo anciano.
En ese momento una chica mucho más joven que Bershka, ingresó en el cuarto con unas tenazas, unos cuchillas y unas cadenas.
—Necesito que hables, pero como sé que no lo harás por voluntad propia —explicaba el anciano como si fuera una clase en una escuela—, esta linda chica me ayudará con eso.
—No, no, les diré todo lo que quieran —empecé a gritar nerviosa.
—Lo sé muchacha, pero tu no eres la que necesito que hable —esas palabras me dejaron confundida—, saluda a tu madre y agradecele por todo lo que va a pasar.
—¿Mamá?, mamá no les digas nada, no te preocupes por mí.
En ese momento mi cabeza dio un bote hacía atrás y un calor como el de un carbón incandescente cruzó por el lado derecho de mi cara.
En ese momento entendí, que quizás no saldría con vida de ese lugar, me despedí de mi madre, de mis amigos y de mi vida mentalmente, mientras aún tuviera un poco de conciencia para hilvanar un par de frase dentro de mi cabeza.
—Los amo —susurré.
Matías.
—Todo esto es una locura, Sofia, no pienso hacer nada contra ninguno de ellos, son mis amigos.
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Me and My Broken Heart.
Storie d'amore¿Como se puede definir el amor? Y ¿el desamor? Demian es un hombre de familia que fue criado con los mejores valores y con las más altas espectativas frente a la sociedad y lo que él podía hacer para servirle al resto de mundo. Siempre ha querido se...
