65. Paso Robles.

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Demian.

A la mañana siguiente me desperté y el ambiente en el viñedo era tan relajante, tan diferente a lo que se sentía estar en la ciudad, que me sentía con las baterías completamente recargadas, no sentía nada de cansancio, aun después de todo el tiempo que me demoré en el viaje en auto desde mi casa en Berkeley.

Al abrir las cortinas de la ventana de mi habitación, el ambiente que reinaba en el viñedo se me hizo la cosa más espectacular que he podido conocer en todos mis años de vida y eso que, no era la primera vez que estaba en esta habitación y menos aún delante de esta vista.

Desde mi ventana se veían todos los primeros cultivos de uva de la plantación, los más cercanos a la casona, y el contraste de los colores que se podían apreciar desde donde estaba parado, lo hermoso que se veían la diferencia entre el verde de las hojas y el color oscuro de las uvas en proceso de maduración, hacían de la vista algo muy especial; al fondo en el horizonte, se podían observar una cadena de montañas, no demasiado altas, que al caer la tarde se pintan de hermosos colores, los adecuados para una velada romántica con la persona que amas.

Parado allí, en silencio, sin nada más que la vista que había frente a mí, me puse a pensar en todo lo que ha estado pasando con mis sueños, proyectos y con toda mi vida en general; estaba tan absorto en mi contemplación de la naturaleza que no me di cuenta de que mi madre había ingresado en la habitación, hasta que ella tocó mi brazo sacándome de mi ensoñación, sobresaltándome y dejando mi corazón corriendo como un galgo tras un conejo.

—Buenos días Demian —saludó ella—, ¿Cómo estás?

—Con el corazón en la mano —ironicé— ¿es tan difícil tocar la puerta antes de matarme de un susto?

—Llevo cerca de diez minutos llamándote —respondió ella— ¿en qué piensas?

—En realidad no lo sé.

—¿Qué te pasa?

—¿Por qué lo preguntas? —pregunté a mi vez.

Ella se quedó allí a mi lado, con sus ojos fijos en los míos, como si solo con eso pudiera descifrar todo lo que hay en mi mente; mi madre siempre ha tenido esa mirada tan particular y en parte eso es lo que la hace especial para todos los que la conocemos.

—En tus ojos veo una tormenta a punto de explotar —concluyó ella—, vamos a desayunar, luego nos vamos de paseo por el viñedo y después del almuerzo tendremos una charla.

—¿Una charla? —pregunté prevenido.

—Si claro, una charla —aclaró ella—, quiero y debo de tener una charla contigo.

—Me asustas —comenté con algo de preocupación—. ¿Estás bien?

—Claro que estoy bien —dijo ella, levantado un poco la voz— ¿acaso ahora no puedo tener una conversación con mi hijo?

—Vale, vale, no tienes por qué enojarte —dije conciliador.

Ella me miró con suspicacia y terminó por sonreír para luego estirar su brazo y tomar el mío, le dio un fuerte apretón y me soltó, su mano estaba fría, demasiado fría y eso me preocupó bastante; ella se giró y comenzó a caminar hacia la puerta, justo cuando iba a tomar el pomo de la puerta, se giró y me volvió a regalar una de esas sonrisas que me llenaban el alma.

—¿No piensas venir? —preguntó con un todo divertido.

—Claro que si —dije saliendo de mi parálisis— espérame me coloco algo más decente y te alcanzo en un momento en el comedor.

—Hijo, tu no eres decente —dijo ella y me sacó la lengua antes de desaparecer por la puerta.

—Pero si esa es mi mamá, no quiero imaginar lo que dice la gente a mis espaldas.

Me and My Broken Heart.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora