73) Decisiones.

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(Brika)

La cara de felicidad de Sabrina cuando giró su cabeza en nuestra dirección y nos vio abrazados, fue tan notoria que provocó que varios de los presentes en las mesas cercanas nos miren. Mi abuela llevó una mano a su boca y sus ojos se aguaron al instante. Mi tía Pepper y mi tía AL, lagrimearon en seguida e intentaron limpiarse las mejillas, pero yo las vi.

Busqué a mi papá y a mi novio, pero no estaban.

—Pará ser solo una conversación, ya deberían haber regresado.

Evan regresó a mirar ante mí comentario. Era más un pensamiento que sin darme cuenta lo dije en voz alta. Es tan extraño tener a mi hermano tan cerca, que había olvidado lo cálido que se siente.

—¿Tu novio y mi papá?

Asentí. Mi corazón comenzó a latir de prisa y empecé a preocuparme.

—Tu tranquila. Saben cómo cuidarse.

—No es eso... es... —Cómo le explico que algo dentro de mí se preocupa y encendió una alerta.

—Vamos. La cena se enfría.

Tomé asiento junto a Sabrina y Evan volvió a su lugar. Sin embargo, mi pierna se comenzó a mover frenéticamente y no podía calmar mi ansiedad. Comencé a comer con cuidado y respondí vagamente al comentario de mi hermana sobre mi cara lavada. Tenía que llamarlos y saber si estaban bien, pero, ¿y si estaban en una parte importante de su conversación? No, no. Guardé mi móvil y me propuse comer en silencio, ignorando a todos mis sentidos que me decían que algo estaba pasando con ellos.

Pasaron veinte minutos más y ellos no regresaban. Ikel llegó hasta mi mesa y su preocupación también era evidente.

—Ya deberían estar aquí, tío.

—Lo mismo pienso yo sobrinita.

—¿Y si mi papá se molestó por la canción? ¿Y si se pelearon y están afuera llenos de moretones? —Empezaba a alertarme más. —Harley no se pelearía a golpes con mi papá, ¿o sí? No. No, no, no, no.

—Vamos, te acompaño a buscarlos —demandó poniéndose de pie—. Me desesperas a mí también al verte tan nerviosa.

—Lo siento.

Jezabel, Lewis y todos los demás estaban pendientes de nosotros y se disponían a levantarse y seguirnos. Luego de las señas de mi tío, se quedaron sentados entendiendo que nosotros dos los buscaríamos.

Caminamos en la misma dirección que vimos salir a mi padre y el R, y buscamos en los pasillos de afuera y alrededor del coliseo. Un par de parejas fue todo lo que encontramos.

—Sigamos buscando —pedí a Ikel.

Continuamos hacia el estacionamiento, y antes de llegar, Ikel colocó una mano sobre mi boca y ondeó la cabeza para que yo también preste atención. Escuchaba voces a lo lejos, pero no distinguía lo que decían. Sigilosos nos acercamos cada vez más al estacionamiento y al ver de quiénes se trataba, me preocupé. ¿Qué podrían estar hablando Bruthany y La Nata tan alejadas? Cuando un tercero se unió a ellas, me di cuenta que no era casualidad.

Ikel frunció el ceño, totalmente confundido y curioso como yo, luego de ver a Lucas saludar a las ex de Harley.

Seguía sin entender bien qué decían. Eran pocas las palabras que entendía y no tenían sentido para mí: Hermano. Sola. Ayuda. Despistar. Tal vez. Gracioso. Mía. Peligroso. Puta. Arrepentir. Estás mal.

Cuando escuché <R>, intenté acercarme más y lo conseguí, lastimosamente provocando un ligero, pero notorio ruido, y que el trío se gire en nuestra dirección. Los reflejos de Ikel resultaron increíbles y tiró de mí hacia abajo a una rapidez impresionante. Me llevó lejos de ahí de prisa y antes de llegar al coliseo, le dije lo que entendí y él mencionó lo que escuchó. Al parecer tenía mejor oído que yo.

—Algo como: que no se pueden... arrepentir. Y que... deben despistar, por ser... peligroso, o gracioso. Que no la llame puta... que se merece estar mal. Mencionó a los R o, más o menos así... Y él dijo que ellas deben despistar y que al final será suya. Y... palabras sueltas.

—Nada tiene sentido Lí.

—¿A qué crees que se refieren con todo eso? —dudó—. ¿No crees que es demasiada coincidencia que hayan estado los tres juntos?

—Creo que traman algo tío, pero no pudimos escuchar nada. ¡Y mi padre y Harley no aparecen!

—El Dodge de Harley no estaba en el estacionamiento.

—¿Qué? ¿Cómo que...

—Cuando llegamos lo estacionó por donde estábamos ocultos y, no estaba ahí. Mientras intentaba escuchar lo que decían, lo busqué con la mirada, pero no lo vi.

—Ay por Dios —Mis manos llegaron a mi cabeza y la preocupación volvió a mí. —¿A dónde pudieron haber ido?

—Mi móvil está muerto. ¿Intentaste llamar?

—No, no. Creí que talvez podrían estar hablando algo importante y no quise interrumpir. ¡Pero ya es demasiado tiempo y no regresan! Vamos por mi móvil ¡y llamemos ya!

(Statham)

El Dodge continuó firme, veloz y derecho, y Roger no palideció. El coche que venía de frente, iba de un lado a otro, sin control y no daría tiempo de girar. Al menos, no a un conductor cualquiera.

Tiré del freno de mano y lo volví a bajar, tan rápido como me fue posible justo al tiempo que Roger giraba el volante y ponía en retro la marcha, marcando las llantas en el suelo al pisar el freno y volver a acelerar, quedando en posición contraria del auto sin control. De tal manera que la puerta de Roger y la del otro copiloto quedaron tan cerca por un nanosegundo, sin siquiera llegar a rosarse.

Mi corazón latía tan rápido, que parecía querer salirse de mi pecho. Había sido increíble lo que hizo y la manera en que logró esquivarlo. El auto continuó su camino de frente y unos metros más allá, Roger dejó de conducir en reversa, volvió a hacer sus maniobras y dejó al Dodge mirando nuevamente hacia adelante. Pero entonces, frenó a fondo, sorprendiéndome, y volvió a marcar el suelo antes de detenernos por completo. Su pecho subía y bajaba con rapidez y al ver su cara, entendí porqué se detuvo.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas y de seguro su visión está borrosa. Sujetó el volante con fuerza e intentó no llorar. Parecía querer gritar, o querer que le pase un camión por encima. Lo que acababa de pasar no era sólo conducir; él había salvado nuestras vidas en un par de segundos y ambos éramos conscientes de ello.

No sabía qué hacer.

Roger bajó del Challenger y se quedó en media calle, moviendo sus manos como un loco sin saber qué hacer con ellas. Bajé tras él, sin prisa y sin saber qué decir. Me angustiaba verlo en ese estado y temía que intente alguna estupidez. Sujetaba su cabeza con fuerza y fue controlando su llanto.

—Llevo doce años con esa idea en la cabeza y no fue hasta hoy, que volví a conducir de esa manera y lo hice, que me di cuenta que pudo ser posible. —Sé a dónde quiere llegar, pero no estoy aquí para que se sienta peor. —¡Yo pude evitar ese maldito auto aquella noche! ¡Tenía que haber hecho lo mismo que acabo de hacer ahí atrás y entonces ella estaría viva!

—¡No puede vivir toda su vida negando algo que ya pasó! —sentencié, ganándome su atención realmente, aunque estuviese devastado.

—¡Lastimé el corazón de mi hija! ¡Todos estos años! ¡Era tan sólo una niña y yo le hice cargar un peso demasiado grande!

—No fue culpa de Brika por pedir que conduzcan, ¡como tampoco fue culpa suya por conducir! ¡Debe dejar ir ese pasado que no hizo más que lastimar y separar, cuando más lo necesitaron! Usted la amó, pero ella ya no está. ¡Usted sí! Y tiene la oportunidad de decidir ahora, Roger. El presente con su familia o vivir bajo la sombra de su pasado. Ya es tiempo de dejarla ir.

AMERICAN COLLEGE ✔️Donde viven las historias. Descúbrelo ahora