Shiara, una chica de 18 años de edad; la cuál desde pequeña su mayor sueño ha sido ser la mejor patinadora artística en hielo. Desde muy pequeña siempre ha participado en eventos y torneos de patinaje artístico sobre hielo, pero luego de terminar la...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
SHIARA
Ya han pasado alrededor de cinco días desde la última competencia, y en estos días no he tenido descanso absoluto. Como dije, yo misma me he impuesto un propio entrenamiento aún más severo de lo que ya era, sin derecho a nada, más que a los entrenamientos. Aunque de no haberlo hecho la entrenadora Ellen lo habría hecho por sí sola, ya que anda bastante enojada y severa (más de lo que ya era), luego de la última competencia.
Tanto así que cumplió en verdad algunas de sus amenazas pasadas; las cuales consisten en ponerme perros rabiosos y hambrientos detrás, mientras patinaba sin nada de ropa (más que la interior) por toda la pista sobrepasando obstáculos, eso con tal de mejorar mi velocidad, agilidad e inclusive flexibilidad.
Otra de ellas es también una cual me ha aplicado desde mis inicios a decir verdad; la cual consiste en dejarme sin alguna de las comidas diarias cuando no cumplo con lo acordado en el entrenamiento, es decir, cuando no doy los rendimientos necesarios.
Y sé que sonarán demasiado drásticas, severas o rigurosas para cualquier ser humano; pero a decir verdad si dan resultados. Se preguntarán; ¿Pero cómo ?, estás demente al pensar algo así. Pero dejen me explico:
El cuerpo humano libera una cantidad de adrenalina más que la habitual cuando se siente en peligro o acorralado ante algo, como mecanismo de defensa; cuya adrenalina te permite hacer cualquier movimiento con mayor intensidad a la que puedes llegar a hacerlo en tu estado habitual. Y si eso pasa seguido, tu cuerpo poco a poco empieza a adaptarse a esos cambios que producen tu cuerpo mediante las descargas de adrenalina, tornándose así algo habitual y común en ti, adaptándose a tus estándares.
Y eso es justamente lo que sucede cuando me siento acorralada por el penetrante frío Alaskeño al incrustarse en cada poro de mi piel, sin nada de abrigo que me proteja del mismo. O cuando me siento en peligro al ver como esos dos grandes perros hambrientos entrenados solo para atacar, me persiguen a toda velocidad como si fuera uno de sus mejores manjares, ansiosos por devorarme el pellejo.
Estos días no he visto a chico sol, tampoco al chico de ojos negros, puesto que no hemos tenido entrenamientos en pareja por suerte. Y digo por suerte ya que así tengo más tiempo para dedicarme solo a mí, ya pulir cada uno de mis pasos hasta que queden perfectos para la competencia que se aproxima en tan solo dos días.
Pero por otro lado; la que ha estado algo atenta a mí estos días ha sido Maya, después de la última competencia parece querer vivir pegada a mí como un chicle todo el tiempo. En los almuerzos siempre se sienta junto a mí, e inclusive me acompaña en mis entrenamientos exclusivos hasta altas horas de la noche cuando ya no hay nadie en la pista, y de veces en cuando me acompaña hasta mi recámara, y eso que no estamos en el mismo piso ni edificio.
Es algo extraño su pequeño cambio tan repentino; porque no es tanto eso, sino que en su voz, forma de actuar o expresarse no habita esa evidente hipocresía que solía caracterizarla hace apenas cinco días atrás.