CAPÍTULO 71

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OCTAVIO

—Listo, ya tienes lo que querías, ahora cumple tu parte del trato —le hablo a Viggor con la mandíbula extremadamente tensa, intentando controlar mi ira, para no perder el control e írmele encima a desquitar todo mi odio y al final salir perdiendo con la cantidad de hombres que lo rodean como la mariquita que es, los mismos hombres que me golpearon incluso, de los cuales tengo sus rostros tatuados en mi mente uno por uno.

Este por su parte no tarda en ponerse de cuclillas a revisar la bolsa de dinero que le arroje a los pies con el monto pedido. En cuya posición dura unos largos segundos revisando que todo esté en orden. Para luego entregarle la bolsa a uno de sus hombres y darme una mirada lenta y escudriñadora de pies a cabeza.

—¿Te enamoraste de verdad? —lanza una pregunta de la nada, sin ningún ápice de sorna o incredulidad sorprendentemente.

—¡Entrégame ya a mi chica! —le alzo la voz, la cual sale con una frialdad y autoridad que sorprende.

Ambos nos quedamos mirándonos por un tiempo indeterminado, ambos con una mirada penetrante, capaz de intimidar, y más que nada llena de odio hacia el otro.

Y es que en serio lo miro, y no me cabe en la cabeza como pude considerar a esta escoria un hermano.

Noto como frunce sus labios ligeramente, y sin apartarme la mirada alza una mano y le hace una seña a unos de sus hombres, el cual no tarda en pasarle un teléfono móvil. Y por primera vez me quita la mirada de encima para teclear algo en el celular y llevárselo a la oreja.

—Déjala libre —son las únicas dos palabras que inmuta antes de colgar la llamada. —Fue un placer hacer negocios contigo, Jackson —esta vez sí la hipocresía y el tono burlón vuelven a hacerle compañía a su voz, sonando despectivo en la pronunciación de mi apellido.

Me tiende una mano, con la intención de que se la estreche, en tanto una sonrisa ladina adorna su rostro. Pero mi mirada de repudio y mi mueca de repulsión total hacia él lo hacen bajar nuevamente la mano, la cual se mete en los bolsillos de su chaqueta, para luego darse la vuelta con intención de irse.

—Eh, ¿A dónde demonios vas?, ¿Dónde está Shiara? —mis preguntas lo detienen, haciendo que gire la cabeza por encima de su hombro.

—Espérala aquí, alguien te traerá a tu puta en unos minutos —tenso la mandíbula aún más cuando escucho el seudónimo por el cual la acaba de llamar, pero aprieto mis puños fuertemente, concentrando allí toda mi ira, y ganas de acabar con su vida. —Tranquilo, llegará, no me sirve de nada conservar lo que ya usé. —frunzo el ceño —Pregúntale los detalles de cómo la pasamos de bien juntos —suelta una carcajada, para seguir su caminata.

Siento como la sangre me hierve en un punto de ebullición y se me va directamente a la cabeza. Literalmente estoy viendo en rojo, y por lo tanto no mido las consecuencias de mis actos. Pero para cuando caigo en cuenta de ellos, ya me encuentro sujetando el cuello de la chaqueta de Viggor, con su cara sangrando a centímetros de la mía.

Llamas Sobre HieloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora