CAPÍTULO 57

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SHIARA

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SHIARA

Luego que la turbulencia ha cesado, segundos más tarde Octavio me ayuda a ponerme de pie.

Intento apoyar mi pie contra el suelo pero una corriente de dolor manda el mismo a todo mi cuerpo haciéndome volverlo a levantar de inmediato.

—¿Estás bien? —me pregunta Octavio manteniendo un fuerte agarre en mi brazo, sujetándome.

—Si —digo en un quejido —Todo bien —confirmo.

No responde pero abre la puerta del baño y me ayuda a salir en pasos lentos, ya que camino por el pasillo en saltitos con un solo pie.

En el avión todos los pasajeros están inquietos por la reciente turbulencia, unos se ven pálidos del susto, otros se abanican el rostro con las manos y otros se quedan con la mirada sobre mí de manera interrogativa.

Llegamos a nuestro asiento, en el cual por supuesto me siento y Octavio hace lo mismo a mi lado. Me inclino hacia abajo para revisar mi pie pero Octavio me interrumpe.

—Déjame ver —me aparta con gentileza y el mismo toma mi pie, me acomodo en el asiento recostándo mi espalda a la ventanilla para poder subir mi pie a sus piernas.

Tira de los cordones de mis tenis, y me lo quita lentamente pero aún así se me es imposible no ahogar un quejido.

—¿Duele? —me mira a los ojos por unos segundos y yo solo puedo asentir mientras me muerdo el labio inferior con mucha fuerza conteniendo las ganas de gritar.

Despacio logra quitarme el tenis y mis ojos se ensanchan un poco al ver mi pie o mas bien mi tobillo el cual se encuentra fuera de su sitio, y con solo ver la imagen mi cuerpo completo recibe una oleada de puro dolor.

Octavio toca mi pie pero lo aparto de inmediato.

—No, no me toques —me quejo de dolor.

—Tengo que volver a posicionar el hueso en su lugar sino quieres que las cosas empeoren.

—No, no, no —me niego —¿Desde cuando eres doctor?.

—Son cosas básicas que he aprendido a hacer a lo largo de mi vida.

—No —me vuelvo a negar y justo en ese momento la azafata entra en la cabina de pasajeros, preguntando si todos se encuentran bien o necesitan alguna ayuda. Octavio es el primero en levantar la mano.

—Señorita, ¿Podría acercarse? —pregunta y esta accede rápidamente.

—¿Que necesita? —le pregunta esta de manera profesional y amable.

—Tuvimos un pequeño problema, al parecer tiene el tobillo zafado —me señala.

—Déjeme revisar por favor —le dice a Octavio antes de inclinarse hacia abajo y examinar mi tobillo.

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