CAPÍTULO 69

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OCTAVIO

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OCTAVIO

Me encuentro con la cabeza recostada en el asiento con los ojos cerrados, mientras tengo a Shiara pegada al brazo.

Ya empiezo a respirar la libertad de estar en Londres, hoy mismo llamaré a Lorenzo para que me habrá espacio en una pelea para mañana, ya ansío una dosis de peligro y mortalidad.

Levanto mi cabeza detallando por segundos efímeros a mi chica, la cual parece estar sumida en un sueño.

Pego la mirada en el ventanal, pero me alerto de inmediato, cuando noto que el taxista no está siguiendo el trayecto estipulado por mí, sino que se ha metido en un área rural, llena de árboles, senderos pedregosos y montañas que se visualizan a lo lejos, estamos muy lejos del área urbana.

―Oiga, ¿A dónde diablos va?, esta no fue la dirección que le di ―interrogo, haciendo que Shiara se despierte de golpe.

Pero el inepto del conductor no se inmuta en responder, sino que sigue su trayecto como si no le hubiese dicho nada.

Me impaciento y me hecho hacia adelante, rodeando el cuello del conductor con mi antebrazo desde atrás, causando que pierda el control del auto, y logrando consigo que Shiara se paniqueé.

―Desvía el maldito auto ahora ―le grito, pero este solo se preocupa en buscar el aire que le falta con la presión que tengo en su cuello, mientras el auto se mueve en zigzag por la carretera.

―¡Para! ―me grita Shiara con evidente pánico ―Nos vamos a estrellar maldita sea.

Suelto la presión que tenía ejercida en el cuello del hombre, antes de gritarle ―Da la vuelta, ahora.

Y este en vez de acatar mi orden, saca un arma desviándose a mí para dispararme, pero logro tomar el arma por la parte delantera empezando a forcejear con el sujeto, mientras siento a Shiara hiperventilar a mi lado.

―Abre la puerta ―le grito a lo que logro lanzarle un codazo al viejo barrigón en la nariz, haciéndolo perder el equilibrio y logrando tomarlo del cuello otra vez.

―¡No puedo abrir la puta puerta, está cerrada! ―me grita Shiara.

―Intenta bajar el cristal ―le digo mientras aún sigo ahorcando al viejo, y el vehículo sigue moviéndose en la oscura carretera, ya que el individuo sigue pisando el acelerador.

―¡También está bloqueada! ―chilla inquieta, luchando contra la seguridad de la puerta, para luego ponerse a mirar para todos lados buscando no sé qué. Pero de un momento a otro, no sé de dónde saca fuerzas suficientes para arrancar el reposacabezas del asiento del copiloto el cual queda frente a ella, y empezar a golpear la ventana con fiereza intentándola romper con los ganchos del mismo.

Esta mierda no me está gustando, para nada, solo hay una persona que se me viene a la cabeza capaz de hacer esto y...

Me golpeo con el asiento de adelante cuando el vehículo se estrella de frente con el tronco de un árbol.

Llamas Sobre HieloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora