Capítulo 82.

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─┈ꗃ ▓▒ ❪ act two ― chapter fifty-five. ❫ ▒▓


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LA MÚSICA DEL VALS AÚN parecía resonar en las paredes cuando las últimas luces del salón se extinguieron lentamente, como si la noche se resistiera a morir tras haber sido testigo de algo demasiado grande, demasiado perfecto para un mundo condenado a romperse. Nadie abandonó el baile antes de tiempo, no porque no quisieran, sino porque Agnetha Mikaelson no lo permitió. Y nadie, absolutamente nadie, desobedecía a la trihíbrida cuando su voz adoptaba ese tono firme, casi ancestral, que no dejaba espacio a dudas.

Pero, en el instante en que la última copa fue depositada, en que los últimos acordes se disiparon en el aire y las puertas se cerraron, la máscara cayó.

Y, entonces, la guerra comenzó a tomar forma.

El despacho de Niklaus Mikaelson se convirtió en el epicentro de algo mucho más antiguo que cualquier conflicto humano. La estancia, cargada de historia, olía a madera, a lico añejo... y a sangre contenida. Allí, únicamente los hermanos Mikaelson estaban presentes. Agnetha permanecía de pie, junto al escritorio, sin sentarse. No podía. Su cuerpo estaba demasiado tenso, su magia demasiado alterada, vibrando bajo su piel como si quisiera escapar. Niklaus la observaba en silencio, apoyado contra la mesa, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Elijah permanecía erguido, impecable como siempre, aunque su mirada reflejaba preocupación. Kol, inquieto, caminaba de un lado a otro, mientras Finn observaba todo con una serenidad engañosa. Rebekah, en cambio, no apartaba los ojos de su hermana mayor.

Fue Agnetha quien habló primero, rompiendo el silencio:

—No ha sido una noche cualquiera —su voz era baja, pero firme—. Sentí magia, no una magia cualquiera. Era invasiva, antigua.

Klaus tensó la mandíbula, y dijo:

—Esther.

—Sí —confirmó su melliza, sin dudarlo—. No es solo eso... la sentí rozar el hechizo de protección, como si estuviera probando sus límites.

—Madre siempre fue persistente —soltó una risa sin humor, Kol.

—No —negó Agnetha, girándose hacia él con una intensidad que lo hizo detenerse—. Esto ha sido diferente. No estaba tanteando el terreno, me temo que está preparando algo.

Entonces, Elijah dio un paso al frente, sabiendo que había algo más en las palabras de su hermana menor.

—Aggie... ¿Qué pasa con Elena Gilbert?

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