Capítulo 6

32 3 0
                                        

Sarah no se fue mucho después de esa conversación. Nos intercambiamos los números, por si acaso y salió de mi casa, increíblemente convencida de que al día siguiente, íbamos a ir a la oficina de Mario a hacerle preguntas.

Yo por mi parte, no paraba de pensar. Estaba con la cabeza Ricky apoyada en mis piernas, en el sofá, mientras la tele estaba prendida trasmitiendo una película que realmente no estaba mirando.

Mi cabeza no paraba de convencerse a sí misma de que no era tan mala idea hacerle una visita a, literalmente, el corazón del caso. No tiene porque molestarse, si mostramos justamente interés en lo que a él le importa tanto. Si nos da información, podría beneficiarlo. No era una mala idea.

Por otro lado, era muy arriesgado. No quería meterme en problemas. Quizás, era una regla no escrita mantener contacto directo con Mario. En serio, no quería perder el dinero, y mucho menos, sufrir peores consecuencias.

Escuché la puerta de entrada abrirse. Ricky levantó la cabeza, agudizando el oído, hasta que reconoció inmediatamente los zapatos de mi papá al igual que yo, y volvió a su posición original. Percibí que siguió de largo hasta la cocina, pero retrocedió y se metió al living.

-Ah... Hola, hijo- soltó algo agitado, como siempre.

-Hola- contesté mirando la tele.

-¿Cómo te fue en la escuela?

-Bien- respondí. Sentí la necesidad de agregar algo para no ser tan seco. Lo miré: con traje, pero con la corbata un poco desanudada, floja y el pelo algo despeinado, con su maletín de siempre en mano- Gregg me me dijo que encontraron un sostén en el baño de chicos.

Asintió, pensando que responderme, pero se rindió y siguió su camino a la cocina.

Volví a la tele.

Sarah tenía razón, tanta razón, más de lo que me gustaría. Dijo algo en voz alta que yo ni siquiera había aceptado en voz baja.

Lo intento, intento tener un vínculo con mi papá, pero... No sé... no conectamos, no lo conseguimos. No tenemos nada en común tampoco. Cuando iba a la secundaria, era el típico galán que conseguía chicas sin siquiera esforzarse, mariscal de campo en fútbol americano, toda la escuela sabía quien era.

Para cuando fue a la universidad, conoció a mamá por amigos en común, se enamoraron (o lo que sea) y se casaron, para después de la graduación. No mucho tiempo después, llegué yo y todo era perfecto hasta que dejó de serlo.

Yo empecé con mis rarezas, un niño lleno de incógnitas. A mi papá le estresó más como le estaba afectando a él, que como me estaba afectando a mí.

A veces, pienso que la tensión entre nosotros se debe a que no soy el hijo que él esperaba que fuera.

Volví a sentir sus pasos hasta el living.

-¿Cenamos una pizza?- preguntó- Tu mamá llegará un poco más tarde.

-Claro.

💻💻💻

La pizza no tardó mucho en venir y con mi papá, nos sentamos en la mesa de la cocina sin demasiada luz, en completo silencio, uno muy incómodo.

-Hey...- lo rompió. Lo miré- Dime, ¿te gusta alguna chica?- Ok, prefiero mil veces el silencio, era mucho menos incómodo que lo que será esta charla- Nunca hablamos de estas cosas- siguió.

Casi me atraganto con el pedazo de pizza que comía.

-Eh... No- contesté.

-¿No?- insistió- ¿Ni esta chica que siempre está contigo...? Eh...- pensó un segundo y chasqueó los dedos- Uma.

-Es mi amiga.

-Y eso no tiene que cambiar- me guiñó un ojo- Yo a tu edad...

-No... papá...- negué con la cabeza, interrumpiéndolo, asqueado. No por Uma, no me refería eso. Necesitaba urgentemente terminar esa conversación- No me gusta nadie. No... me atrae nadie tampoco.

-Está bien- dijo- Pero, si en algún momento si, podríamos hablarlo.

No.

-De acuerdo.

Mastermind 💻Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora