Capítulo 17

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-Rodeway Inn...- solté suspirando, deteniendo el auto en un espacio del estacionamiento.

Ok, voy a pasar a enumerar las cosas que harán que hoy me agarre un ataque:

1) Era de noche, las nueve para ser exactos y no estaba cerca de mi casa.
2) Le dije a mis padres que saldría con Sarah. Porque si, eso es lo que va a cubrir la misión. Técnicamente, no era una mentira.
3) Eso no es cierto, si les estoy mintiendo. Les dije que estoy, de hecho, saliendo con ella con el sentido más horrible que esa acción implica. Era más fácil que se creyeran eso, aparentemente.
4) Sarah está apunto de hackear otra cosa, por eso vinimos más temprano.
5) Íbamos a espiar a un multimillonario con poder, en su encuentro con un tal Noah.
6) Llevo el sobre pensamiento de todo esto cinco días.

Voy cuatro chicles desde que salí de mi casa hace una hora. No puedo más.

-Ok...- Sarah sacó su laptop de la mochila y la puso sobre sus piernas mientras se prendía. Pasó lo mismo que la última vez.

-¿Qué tienes que hacer exactamente?

-Hackear el software del hotel, ver en que habitación está registrado Noah, poner en la base de datos que tenemos una habitación justo al lado y que está paga- explicó con simpleza mirando la pantalla.

-Genial- contesté asintiendo- Cuando nos atrape la policía, ¿podrías decir que esto fue tu culpa, por favor?- continué hablando muy en serio.

-Dios, que extremista- revoleó los ojos- Veamos...- dijo- Noah Chulk... habitación 226- siguió- Ok, entonces, nosotros...- empezó a tipear- Estamos en la 227- segundos después, cerró la laptop y volvió a guardarla en su mochila- Listo, vamos.

Abrió la puerta del auto y se bajó. Yo cerré los ojos y exhalé muchísimo aire, antes de hacer lo mismo y seguirla por el estacionamiento.

Llegamos rápidamente a la entrada del hotel. Solo había una pequeña cabina con una señora bastante mayor leyendo una revista cruzando la puerta, y una alfombra roja que cubría todo el piso con una empapelado de rayas en diferentes tonos de rojos también en las paredes.

Sarah se acercó con seguridad a ella y sonrió. Yo me quedé detrás de ella, por si acaso.

-Hola. Margaret Pines, habitación 227- le dijo. Ok, sigue inventado nombres.

La señora levantó la cabeza con una expresión completamente nula y desvío la vista a su computadora. Cliqueó el mouse unas veces y volvió a nosotros.

Mi corazón empezó a latir acelerado, temiendo que, de alguna forma, en su computadora haya aparecido un cartel gigante que dijera: sistema hackeado por Sarah Golden y Oliver Thompson.

-¿No tienen equipaje?- preguntó ella extrañada.

-Solo estaremos una noche- le contestó Sarah y se fue un paso para atrás para entrelazar su mano con la mía. Ay, Dios- Usted entiende, ¿no? Nuestros padres son estrictamente católicos, se supone que estamos en un retiro- falseó pesar, muy bien de hecho.

No pude hacer más que sonreír, supongo, aunque por dentro estaba literalmente al borde del colapso.

La mujer se dio vuelta a un mueble lleno de llaves, y agarró una con un llavero verde oscuro con un 227 en blanco algo gastado y nos lo extendió.

-Segundo piso. El ascensor no anda. La escalera está allá- señaló a la izquierda y volvió a su revista- Disfruten su estadía.

-Gracias- Sarah deshizo el agarré de nuestras manos y tomó la llave.

Fuimos por el pasillo en silencio y encontramos la escalera. Claramente, no estaba para subir así como me sentía dos pisos, pero no me quedó otra opción.

Me sorprendía, o bueno no, más bien, me impresionaba lo bien y natural que se veía Sarah al mentir. Parecía que fuera una verdad absoluta, que hubiera premeditado cada palabra, pero estaba seguro de que no había hecho eso.

Después se pregunta porque no confío en ella.

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