Capítulo 59

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-Yo pregunto primero- le respondió él y me miró serio- ¿Quién eres tu?

Tragué seco, y me di cuenta que su mirada, me daba tanto miedo, como la que me daba la Sarah en un principio.

-Es mi compañero- contestó Sarah- Oliver.

-¿Compañero en qué?- insistió.

-Estamos en una asociación que está investigando ese caso- señalé su pizarra- Eres el principal sospechoso- aclaré.

-¿Te metiste a una asociación?- le preguntó a su hija muy confundido, separándose un poco de ella.

-Ya no sabía que hacer para encontrarte- argumentó.

Él volvió a mirarme a mí.

-¿Puedo confiar en ti?

No sabía que decir realmente, así que, me encogí de hombros y habló Sarah.

-Estoy aquí parada contigo, gracias a él- dio un paso firme adelante- Él decifró el anagrama y no me reportó a la asociación- aclaró- Confió ciegamente en mí, cuando tenía mil razones para no hacerlo- siguió- Y te necesitamos, necesitamos hacerte muchas preguntas, y todo lo que yo escuche, lo escuchará él también.

Sonreí involuntariamente, al ver como reconocía todas esas cosas. Nunca pensé, que yo pudiera hacer algo tan increíble, como encontrar a un fugitivo, y tampoco, algo tan importante, como es encontrar al padre de alguien que me importa.

-Muy bien- asintió él y fue a sentarse a su silla en el escritorio- Por favor- señaló un sillón con una manta y una almohada, que no había notado antes, y Sarah y yo intercambiamos una mirada, antes de hacerle caso- Pregúntenme.

-¿Cómo te estás escondiendo aquí y por qué nunca te molestaste en darme un mensaje más claro, que dejar tu teléfono en un bosque?- empezó Sarah. Escuché un poco de molestia en su voz por lo último.

-El Señor Dinnell y yo somos amigos hace unos años. Cuando te dije sobre este lugar, había hablado con él y nos caímos bastante bien- comenzó- Cuando se enteró lo que me estaba pasando, no dudó en ofrecerme ayuda, así que... me vine para acá- siguió- Y no podía arriesgarme a llamarte, Sarah, lo siento. Era ponerme en peligro a mí y a ti- respondió la segunda parte de la pregunta con arrepentimiento y algo de pesar- Pero, cuando me di cuenta que el bosque y este lugar, tenían las mismas letras, no dudé en intentar darte una pista que solo tu y yo supiéramos- aclaró y me miró a mí, sonriendo- Muy inteligente, chico.

Le devolví el gesto, le estaba cayendo bien, era un buen comienzo. Pero, sacudí la cabeza, volviendo a lo nuestro y se me ocurrió otra pregunta.

-¿Qué descubriste sobre el caso?- señalé la pizarra.

-Nada, realmente- se encogió de hombros- Es difícil investigar cuando no puedes salir.

-¿Sabes que hay en el maletín?

Se quedó callado un segundo y se relamió los labios, mirando su investigación. Levanté las cejas, mientras Sarah me tomaba de la mano.

-Tengo una teoría- respondió finalmente y se levantó para sacar una hoja de la pizarra- Mario era muy reservado sobre ese maletín, yo de hecho ni siquiera sabía que existía hasta hace unos meses, pero... lo único que puede destruirlo es esto- nos extendió la hoja y Sarah la agarró con rapidez.

Movía los ojos leyendo, y yo me acerqué a ella para hacer lo mismo. Intercambiamos una mirada, muy sorprendidos por esa información.

-¡¿Eres dueño de Rosè L'amour?!- exclamó ella, levantándose del sillón.

-Ya no más- contestó él- Porque Mario me engañó.

Era un contrato, al nombre de Ralph Jenkins como el titular de la empresa, y con un socio administrativo y gerente, Mario L'eruie

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