-Yo pregunto primero- le respondió él y me miró serio- ¿Quién eres tu?
Tragué seco, y me di cuenta que su mirada, me daba tanto miedo, como la que me daba la Sarah en un principio.
-Es mi compañero- contestó Sarah- Oliver.
-¿Compañero en qué?- insistió.
-Estamos en una asociación que está investigando ese caso- señalé su pizarra- Eres el principal sospechoso- aclaré.
-¿Te metiste a una asociación?- le preguntó a su hija muy confundido, separándose un poco de ella.
-Ya no sabía que hacer para encontrarte- argumentó.
Él volvió a mirarme a mí.
-¿Puedo confiar en ti?
No sabía que decir realmente, así que, me encogí de hombros y habló Sarah.
-Estoy aquí parada contigo, gracias a él- dio un paso firme adelante- Él decifró el anagrama y no me reportó a la asociación- aclaró- Confió ciegamente en mí, cuando tenía mil razones para no hacerlo- siguió- Y te necesitamos, necesitamos hacerte muchas preguntas, y todo lo que yo escuche, lo escuchará él también.
Sonreí involuntariamente, al ver como reconocía todas esas cosas. Nunca pensé, que yo pudiera hacer algo tan increíble, como encontrar a un fugitivo, y tampoco, algo tan importante, como es encontrar al padre de alguien que me importa.
-Muy bien- asintió él y fue a sentarse a su silla en el escritorio- Por favor- señaló un sillón con una manta y una almohada, que no había notado antes, y Sarah y yo intercambiamos una mirada, antes de hacerle caso- Pregúntenme.
-¿Cómo te estás escondiendo aquí y por qué nunca te molestaste en darme un mensaje más claro, que dejar tu teléfono en un bosque?- empezó Sarah. Escuché un poco de molestia en su voz por lo último.
-El Señor Dinnell y yo somos amigos hace unos años. Cuando te dije sobre este lugar, había hablado con él y nos caímos bastante bien- comenzó- Cuando se enteró lo que me estaba pasando, no dudó en ofrecerme ayuda, así que... me vine para acá- siguió- Y no podía arriesgarme a llamarte, Sarah, lo siento. Era ponerme en peligro a mí y a ti- respondió la segunda parte de la pregunta con arrepentimiento y algo de pesar- Pero, cuando me di cuenta que el bosque y este lugar, tenían las mismas letras, no dudé en intentar darte una pista que solo tu y yo supiéramos- aclaró y me miró a mí, sonriendo- Muy inteligente, chico.
Le devolví el gesto, le estaba cayendo bien, era un buen comienzo. Pero, sacudí la cabeza, volviendo a lo nuestro y se me ocurrió otra pregunta.
-¿Qué descubriste sobre el caso?- señalé la pizarra.
-Nada, realmente- se encogió de hombros- Es difícil investigar cuando no puedes salir.
-¿Sabes que hay en el maletín?
Se quedó callado un segundo y se relamió los labios, mirando su investigación. Levanté las cejas, mientras Sarah me tomaba de la mano.
-Tengo una teoría- respondió finalmente y se levantó para sacar una hoja de la pizarra- Mario era muy reservado sobre ese maletín, yo de hecho ni siquiera sabía que existía hasta hace unos meses, pero... lo único que puede destruirlo es esto- nos extendió la hoja y Sarah la agarró con rapidez.
Movía los ojos leyendo, y yo me acerqué a ella para hacer lo mismo. Intercambiamos una mirada, muy sorprendidos por esa información.
-¡¿Eres dueño de Rosè L'amour?!- exclamó ella, levantándose del sillón.
-Ya no más- contestó él- Porque Mario me engañó.
Era un contrato, al nombre de Ralph Jenkins como el titular de la empresa, y con un socio administrativo y gerente, Mario L'eruie
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Mastermind 💻
Action¿Y si te digo que nada fue un accidente? Oliver, un chico tímido, pero increíblemente inteligente, siempre que lee una novela de misterio sabe perfectamente quien es el culpable después de la página 6, muy responsable y amable. Se le dan muy bien es...
