Sarah forzó la puerta de uno de los costados de la tienda, entró ella primero y yo después, cerrando tras de mí. Estaba oscuro, y lo primero que percibí, fue un olor a chocolate y caramelo, mezclado con palomitas, muy delicioso.
Prendimos la linternas de nuestros celulares. Estábamos en una habitación con unos estantes con dulces. Nos dimos cuenta que había un marco en la pared y caminamos por ahí, hasta salir al mostrador y ver toda la tienda a oscuras también.
A donde mirabas, había dulces y chocolates, era impresionante. Solo estantes y estantes y mesas gigantes llenas de todas las golosinas existentes, probablemente.
-No ha cambiado nada- soltó Sarah sonriendo un poco, saliendo del mostrador- Es justo como en las fotografías que me mostraba.
Se quedó admirando el lugar. Yo hice lo mismo y algo llamo mi atención. La luz, me reflejó algo brilloso en el piso, volví a iluminar ese lugar y me acerqué.
Una pequeña bolsa de plástico de maní. Miré el resto del negocio, estaba completamente limpio, ni un rastro de polvo en los muebles, ni tierra en el piso, este de hecho, parecía encerado.
Esta basura no pertenece aquí.
Iluminé hacia adelante, viendo una puerta a algunos metros. Caminé hasta ella con cuidado, agarré la perilla y la giré.
Abrió. Levanté las cejas, muy curioso y completamente hipnotizado, con el mero hecho, de estar descubriendo algo, de atreverme a meterme ahí adentro.
Abrí por completo, encontrándome con una escalera gris para bajar y una luz tenue que venía desde abajo.
Empecé a bajar en silencio y apagando la linterna. No escuchaba nada, pero antes de que me diera cuenta, ya estaba en el piso de abajo. Había dos computadoras prendidas en un escritorio, un paquete de comida china abierto, papeles en el piso y una pizarra con el caso de Rosè L'amour.
Antes de dar un paso más, me taparon la boca y me envolvieron con un brazo el estómago. Sentí un cuerpo detrás de mí y mi corazón golpeteanado acelerado.
Mierda, no estoy listo para morir.
-¿Quién eres? ¿Cómo llegaste aquí? ¿Qué es lo que quieres?- escuché en mi oído- Estoy armado, así que colabora.
Grité sobre su mano, pero apretó más fuerte. Abrí la boca y mordí su piel.
-¡Mierda!- sacó la mano sacundiéndola en el aire.
-¡SARAH! ¡SARAH!- grité lo más alto que pude, sacando todo el aire de mis pulmones.
-¡Shh! ¡Cállate!- la mano volvió a mi boca- Espera... ¿Dijiste...?
-¿Papá?- escuché su voz y el alivio se apoderó de mi cuerpo.
Él me soltó, casi emoujándome y me di vuelta, aún con la respiración agitada. Sarah estaba a mitad de la escalera, con lágrimas en los ojos, pero con una gran sonrisa.
-Sarah, cariño...- Ralph abrió los brazos- Ven aquí.
-¡Papá!- exclamó y corrió hasta él, dando un saltito y envolviéndolo con sus brazos con fuerza. Él correspondió y se unieron en un abrazo que duró varios segundos, mientras yo me recomponía.
Sarah me miró, aún desde el abrazo, y musitó un "Gracias". Sonreí, estando feliz por ella.
Se separaron, solo para ahora, él abrazarla por el hombro y mirarme a mí.
-¿Venían juntos?- asentí- Lo siento, chico, no puedo librar nada al azar.
-Entiendo- hice un movimiento con mi mano, restándole importancia, como si no hubiera estado al borde de un infarto- Me alegra que se hayan encontrado, pero...- miré a Sarah para que siguiera. Suponía, que ella sabría mejor como manejarlo.
-Ah, si...- asintió, entendiendo- Necesitamos hacerte... muchas preguntas.
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Mastermind 💻
Aksiyon¿Y si te digo que nada fue un accidente? Oliver, un chico tímido, pero increíblemente inteligente, siempre que lee una novela de misterio sabe perfectamente quien es el culpable después de la página 6, muy responsable y amable. Se le dan muy bien es...
