Capítulo 40

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-Quizás sea código Morse- me masajeé las sienes, me dolía la cabeza ya.

-El código Morse tiene puntos y rayas, Oliver- me contestó Sarah igual de cansada- ¿Cómo le asignas números?

-Yo que sé- me levanté de la silla y caminé por mi habitación- Ya no tengo más opciones la verdad- me quejé.

Desde que volví de la escuela, estamos intentando descifrar que código de números era el de las "recetas de cocina" en el pen-drive de Noah. El decodificador de Sarah, no era eficiente, si tenía millones de opciones para probar.

-Entonces, debe ser un código de ella para alguien en específico- respondió ella, también levantándose de la silla- Y no sé tu, pero mi cerebro está derretido por hoy.

Suspiré, e iba a contestarle que el mío también, pero me llegó un mensaje.

Greg: Royal Pizza. Ahora. Vienes?

No me vendría mal distraerme un rato. Levanté la cabeza y miré a Sarah guardando sus cosas. A ella tampoco.

-Hey...- llamé su atención y se volteó a mirarme- Voy a ir a Royal Pizza con mis amigos, ¿quieres venir?

-Eh...- pensó un segundo- Si.

💻💻💻

Estacioné el auto donde siempre y caminamos hasta la pizzería. Empujé la puerta de vidrio, haciendo tocar una campanilla, como siempre y ambos entramos.

Era viajar en el tiempo estar en Royal Pizza. Todo estaba ambientado en los 60s. Los pisos eran cuadrados blancos y negros, había sillones rojos amurados a la pared, mesas de color celeste, una barra con bancos, una rocola, estaba lleno de adornos en neon y hasta las meseras estaban caracterizadas con la época.

Vi a mis amigos sentados en los sillones de siempre y me acerqué. Ambos me vieron, y Greg levantó la mano sonriendo. Hasta que vio a Sarah, y su expresión cambió rotundamente. Abrió la boca, increíblemente sorprendido, y Uma, simplemente nos miró confunda.

-Hola, chicos- dije al llegar a la mesa- Ella es Sarah, ¿les molesta que se nos una?

-No...- mi amigo la miraba como si en algún momento fuera a desaparecer y Uma negó con la cabeza, invitándola a sentarse.

Sarah se puso del lado de la pared, frente a Greg y yo a su lado, frente a Uma.

Silencio.

-Wow...- lo rompió mi amiga- Al fin una chica- siguió- Y...

-¿Cómo diablos se conocen?- interrumpió Greg, aún mirando a Sarah con mucha sorpresa.

Abrí la boca para responder, pero habló ella.

-Estamos en un curso de criminología juntos- me miró sonriendo- ¿No?

Asentí, recordando esa mentira.

Sentí que mi amigo iba a seguir preguntando, pero por suerte, la mesera llegó con la pizza de siempre y nuestras bebidas, ya nos conocen. Sarah, solo le pidió un agua para acompañar.

-¿Y ustedes?- preguntó ella- ¿Cómo diablos conocen a Oliver?- repitió las palabras de mi amigo, agarrando una porción de pizza y solté una risa.

-Es su humor, no se ofendan- aclaré.

-Desde siempre- contestó Greg- Y, es por eso, que aún no puedo comprender como te habla- siguió entrecerrando los ojos.

Revoleé los míos, mientras Sarah se reía.

-Está enfrentando sus miedos e inseguridades- le respondió y la miré sin entender- Cada vez más- puso su vista en mí y levantó las cejas, obviamente refiriéndose a todo lo que he cedido últimamente- ¿Uma?- le habló a mi amiga.

Sonrió.

-Bueno, me golpeé la cabeza mientras abría su casillero hace unos años y...- sonrió- No sé, supongo que tenemos cosas en común, es muy bueno escuchando y no importa que tan malo sea mi día, me hará sentir bien- completó. Jamás me había dicho esas cosas, pero siento que eso es ella para mí también. Sonreí- Greg, también... Siempre me hace reír.

-¿Que yo qué?- mi amigo volvió a la Tierra, apartándose de su celular.

La cena siguió de lo más bien. Me sorprendía lo mucho que se parecían Sarah y Greg en algún punto. Quizás, no tanto a parecerse, sino, a congeniar, se entendían. Uma también tuvo una chica con quien hablar, a veces siento que la aburrimos entre los dos.

Una vez que terminamos, pedimos la cuenta y cada uno se fue por su lado.

-Te llevo a tu casa- le dije a Sarah.

Nos subimos al auto, arranqué y empecé a conducir en silencio.

-Oliver...- soltó.

-¿Qué?

-Por favor, dime que lo notas- su tono era de obviedad, pero con ese toque de broma.

-¿Que noto qué?- pregunté muy confundido.

-¡Ay, por Dios! No puedes ser tan ciego- se quejó, soltando una risa.

-No sé de que me estás hablando, Sarah- respondí con sinceridad.

-Que Uma está perdida y locamente enamorada de ti.

Frené de golpe, el cinturón detuvo mi cuerpo y apenas me fui para adelante. La miré como si estuviera loca, porque lo estaba.

-¡¿Qué?!- exclamé- Claro que no.

-Cuando me vio, se le rompió el corazón pensando que estaba saliendo contigo. Cuando habló de ti, se le iluminaron los ojos, y te mira como si su vida dependiera de ello- enumeró- Esa chica está enamorada de ti.

Tragué en seco. Eso era un problema, un gran problema, si es que era cierto claro. Eso sería un problema, porque yo no estoy enamorado, no de ella.

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