-¡Ustedes dos!- un grito que vino de la izquierda, una voz muy conocida.
Nos volteamos a mirar y, ahí estaba Mario, viéndonos muy furioso, de hecho.
-Corre- soltó Sarah.
Y le hice caso, sin dudar.
Ambos, empezamos a alejarnos con rapidez entre la gente, hasta llegar a la puerta del salón y salir por ahí. La seguí a mi compañera, que empezó a subir las escaleras.
No sabía a donde estábamos yendo, pero no importaba. Llegamos al primer piso y corrimos por un pasillo con una alfombra roja, donde no había casi nadie.
Abrí una de las puertas, agarré la mano de Sarah y la metí adentro de una de las habitaciones conmigo. Se tambaleó un poco, pero ambos entramos y cerré la puerta con la respiración agitada.
Miré el lugar oscuro, viendo simplemente, una especie de sala de conferencias. Una mesa grande y muchas sillas.
Casi cuando nos estábamos recuperando, la puerta volvió a abrirse, mostrándonos a Mario nuevamente. Ambos nos movimos hacia atrás, pero él cerró la puerta y se acercó.
-Ustedes dos- volvió a repetir señalándonos. El corazón me latía a mil por hora, estaba asustado de verdad. No sabía que era capaz de hacer ese hombre.
Sarah me agarró la mano otra vez. Percibí que sentía lo mismo que yo.
Pero, pensé un segundo. A pesar de que lo creí imposible, pensé. No tenía sentido que estuviera enojado con nosotros, lo estábamos ayudando a él.
-¿Por qué nos sigues tan enfadado?- pregunté- Estamos intentando resolver tu caso.
-¿Por qué están escapando?- respondió sarcástico- Escúchenme, ya sé que son de una asociación y todo eso. No podría importarme menos- empezó- Necesito que me digan todo lo que tienen sobre esto, ya mismo- siguió- No estoy enojado, estoy desesperado- aclaró.
Lo ví sincero, la verdad. Veía en sus ojos ese miedo a perderlo todo.
-No tenemos nada- habló Sarah- Por algo, seguimos investigando.
-¿Dónde está Ralph?- preguntó.
-No lo sabemos- le dije- ¿Por qué siento que te importa más Ralph que el maletín?- pensé en voz alta.
Se tensó, lo noté ¿Acerté? Pero, era cierto. Recordando cada vez que lo escuché hablar, es Ralph, no el maletín.
-Porque él tiene algo importante- habló Sarah segura- ¿No?
-¿La fórmula del licor, quizás?- seguí yo- ¿Eso está en el maletín?
Se tiró el pelo para atrás muy estresado.
-¡No!- gritó. Sarah me apretó más la mano- No- repitió más tranquilo- Se las haré fácil...- siguió, ahora sí, con ira- Encuentren a ese maldito bastardo, antes de que yo lo haga, porque si yo le veo a la cara, lo voy a partir en pedacitos.
💻💻💻
-¡Por Dios! ¡Que licor de mierda!
-Nadie te obligó a tomar la botella entera, Sarah- le respondí bastante molesto, mientras le tenía el cabello.
Era la segunda vez que vomitaba desde que habíamos llegado a mi casa. Estaba arrodillada frente al inodoro, y yo parado a su lado.
Las cosas se pusieron... extrañas, podríamos decir. Después de que Mario dió a entender que, básicamente, mataría a Ralph si lo viera, se fue de la habitación muy enojado. Sarah y yo, nos quedamos parados, intentando procesar lo que había pasado y bajamos de nuevo.
Sarah se agarró una botella de Rosè L'amour de la barra con rapidez y me pidió por favor que volviéramos. Se tomó todo casi de un saque y, para cuando llegamos, ya estaba mareada, sin poder casi dar un paso y terminó con vomitarlo todo.
Mi compañera, agarró papel higiénico, se limpió la boca y tiró la cadena. Yo me senté en el piso, soltando un suspiro y ella hizo lo mismo, posicionándose junto a mí.
Puso su cabeza en mi hombro y entrelazó su mano con la mía. Nunca había tenido su mano tanto tiempo como hoy. No molestaba.
-Eres un buen chico, Oliver Twist- soltó algo ida todavía, obviamente seguía borracha- ¿Por qué te miento?
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Mastermind 💻
Acción¿Y si te digo que nada fue un accidente? Oliver, un chico tímido, pero increíblemente inteligente, siempre que lee una novela de misterio sabe perfectamente quien es el culpable después de la página 6, muy responsable y amable. Se le dan muy bien es...
