Me levanté del sillón, corrí a la puerta y salí de mi casa con solo una cosa en la cabeza y nada más: Sarah.
Me metí al auto y manejé a la mayor velocidad posible hasta la casa de Mario. Ni siquiera estaba prestando realmente atención, pero no me importaba en lo más mínimo. No podía parar de pensar, en como se arriesgó a que esto le pasara. Pude haber insistido más, pude haberlo evitado y no lo hice.
Tenía la respiración tan agitada, lágrimas en los ojos, me temblaba el cuerpo y sentía náuseas. Un ataque de ansiedad, claro que sí.
No puede ser, no puede ser, no puede ser.
No sé porque estaba yendo para allá. No quería aceptarlo, no quería que fuera real. Siento que puedo hacer algo, pero es mentira.
Llegué lo más cerca que pude, me bajé del auto y caminé entre la gente hasta una valla, viendo a la policía frente a la casa y un olor a gas quemado, que venía desde adentro, era impresionante.
¿Cuál era la cantidad de dióxido de carbono que podía tolerar un ser humano? No recuerdo. Un segundo, ¿cómo es que no lo recuerdo? Yo recuerdo todo.
La situación, definitivamente, me estaba afectando más de lo que creí. Me esforcé en acordarme y me calmé para poder hacerlo más rápido.
700 ppm en 30 minutos.
Mierda, pasó más de media hora seguramente, y si el gas se sentía hasta donde yo estaba, eran más de 700ppm.
Volví a pasar entre la gente para salir de ahí y pasar por las tiras amarillas, sin que nadie me viera, lo más rápido que podía.
Me fui hasta atrás de la casa y probé la primera ventana que ví, no abrió. Probé la segunda y pude. Respiré hondo y me metí a la casa, apareciendo en un estudio, una oficina.
El olor a gas cada vez se sentia más, pero no me importó. Sinceramente, no sabía que estaba haciendo desde que me levanté del sillón.
Salí de la habitación y miré a ambos lados para ubicarme en la casa y seguí la intensidad del olor.
Llegué hasta las escaleras y ví una puerta entornada. La abrí por completo, tosiendo con fuerza y con la nariz irritada ya. Era una escalera que iba hacia abajo, al sótano.
Bajé con rapidez y ví a Sarah en el piso, entre medio de un montón de cosas y cajas.
-¡Sarah!- grité y fui hasta ella sacando las cosas del camino, empujándolas.
Me arrodillé en el piso junto a ella y la agarré de lo hombros. Estaba pálida, con los ojos cerrados, con el cuerpo blando y... vacía.
-¡Sarah! Sarah...- el olor a gas era intolerante, ya hasta para mí- Por favor, no me hagas esto- pedí con la respiración agitada, la boca seca y con unas intensas ganas de llorar- No, Sarah, no puede terminar así. No podemos terminar así- negué. Ya me dolía la garganta, pero no podía dejarla.
Me di cuenta, que tenía un poco de sangre en la cabeza de frente del lado derecho. Me acerqué más a ella y junté nuestras frentes, mientras se me caían las lágrimas.
-No me dejes, por favor no me dejes.
Sentí aire salir de su boca y la escuché soltar un muy leve, y casi inaudible, gemido de dolor.
Tragué en seco y me alejé un poco, mirando expectante. La tomé de la mano, la cual, intentó apretar muy débilmente.
ESTÁS LEYENDO
Mastermind 💻
Action¿Y si te digo que nada fue un accidente? Oliver, un chico tímido, pero increíblemente inteligente, siempre que lee una novela de misterio sabe perfectamente quien es el culpable después de la página 6, muy responsable y amable. Se le dan muy bien es...
