Me desperté sin alarma al ser sábado. 9:30. Si, quizás sea un poco temprano, pero supongo que estoy acostumbrado, siempre fui una persona de la mañana.
Me cambié de ropa unas cuatro veces hasta que estuve conforme, porque hoy íbamos a ir a ver a Mario. Uno: es difícil decirle que no a Sarah sin que responda con excelentes puntos y "es peligroso", no parece ser una buena excusa para ella. Dos: no sé de que otra manera podríamos avanzar y realmente tengo miedo de que alguien se nos adelante. Soy demasiado competitivo, a veces.
Bajé las escaleras con Ricky pisándome los talones y fui hasta la cocina.
Estaba nervioso, lo admito, muy nervioso. Pero de todas maneras, saludé a mis padres en la mesa de la cocina ya desayunado y me agarré una taza de la alacena. Pensé en servirme café, pero no necesito más ansiedad de la que ya tengo, así que me hice un té y me quedé apoyado en la mesada.
-Ay, estás muy lindo- habló mi mamá con una sonrisa- ¿Vas a algún lado?
Mierda.
-Eh... si, salgo... por ahí- respondí soltando una risa para ocultar un mínimo la estupidez.
No había pensado una excusa. Estuve, justamente, tanto tiempo pensando en lo que tenía que hacer que esto se me zafó.
Noté que mi mamá iba a hacer otra pregunta, pero la interrumpió el timbre. Seguido de un ladrido de Ricky, que fue corriendo hasta la puerta. Ella se levantó de la mesa y fue atender.
Lancé un suspiro. Necesitaba pensar como responder lo que se me venía, sabía que papá no preguntaría demasiado.
Mi mamá volvió a la cocina y me miró algo confundida.
-Eh... Oliver, cariño... Hay una chica preguntando por ti.
Fue solo un segundo que mi cerebro no comprendió esa oración, pero no me costó demasiado y mi respiración se aceleró.
La voy a matar.
Dejé la taza con el té con rapidez sobre la mesada y casi corrí hasta la puerta. Ricky aún estaba ahí, mirándola algo amenazante, tampoco le caía muy bien aparentemente.
-¿Qué haces aquí?- le pregunté casi en un susurro y entonando un poco la puerta, con los nervios de punta.
-Te dije que vendría para ir a ver a Mario- contestó Sarah con obviedad.
-Y yo te dije que nos encontrábamos ahí- le dije entre dientes.
-Y yo te dije que nos encontrábamos aquí- habló un poco más molesta quizás- ¡Está cruzando la autopista! ¿Qué esperabas? ¿Que vaya con mi patineta?
-Ok, ok, está bien. No grites- pedí, no quería tener que responder más preguntas de las que ya voy a tener cuando vuelva a entrar- Espérame aquí, ya vuelvo y nos vamos.
Entré nuevamente a mi casa y subí la escalera corriendo para entrar a mi habitación y agarrar mi teléfono, llaves billetera y goma de mascar, mucha goma de mascar.
Bajé otra vez de la misma manera y acaricié a Ricky.
-¡Vuelvo en un rato! Adiós- cerré la puerta para evitar cualquier comentario, pero no vi a Sarah.
La busqué con la mirada y la vi ya ¿sentada en el asiento del copiloto del auto?
Me acerqué completamente confundido y me subí del lado del volante.
-¿Cómo entraste?
-Es un auto, Oliver, no un banco- contestó rebolando los ojos.
Dejé de mirarla, sacando aire y arranqué el auto, pensando en como solucionar esto. Porque si, me molestaba... todo de ella podríamos decir y no va a funcionar si no lo resuelvo ya.
-Sarah, vamos a tener que establecer algunas reglas- solté ya manejando.
-¿De qué?- preguntó muy pérdida.
-Nosotros.
-¿Nosotros?
-Si- respondí, ya algo molesto- Somos compañeros en esto y necesito saber que puedo confiar en ti y, sinceramente, hasta ahora, no me has demostrado demasiada confianza.
ESTÁS LEYENDO
Mastermind 💻
Action¿Y si te digo que nada fue un accidente? Oliver, un chico tímido, pero increíblemente inteligente, siempre que lee una novela de misterio sabe perfectamente quien es el culpable después de la página 6, muy responsable y amable. Se le dan muy bien es...
