Sarah me dijo que la deje cerca de cualquier parada de autobús, insistí solo una vez para llevarla directamente a su casa, pero se negó. Así que, hice lo que me pidió.
Llegué a casa después del mediodía y abrí la puerta directamente, para ir hacia mi habitación. Escuché la tele, supuse que mis padres estarían en el living, y encontré a Ricky durmiendo en mi cama.
Me acosté junto a él y cerré los ojos, soltando un suspiro. Me quedé un rato así, simplemente pensando en que la idea de Sarah era fantástica de hecho, y que si era tan buena hacker como decía, no dejaría rastro alguno de que revisó algo.
El problema es que me cuesta mucho confiar en ella todavía. No sé quien es, que hace, porque está en el programa, porque es como es. Ella sabe mucho de mí, no me conoce del todo, eso es cierto, pero con tres minutos estando en mi casa, descubrió y averiguó la mitad de mi existencia.
Me incorporé en la cama y me senté mirando hacia la pizarra de corcho, viendo el póster de Star Trek que antes estaba en otra pared. Por supuesto que lo tapé todo, por si acaso. Sabía que mis padres no vigilaban mi cuarto, pero estaba demasiado a la vista.
Noté a mi mamá pasar de largo por mi habitación, pero volvió sobre sus pasos, quedándose en el marco de la puerta.
-Volviste. No te escuché- sonrió.
Me costaba a veces verla vestida con saco de entre casa y calzas deportivas. Siempre estaba impecable en la semana, ya sea con vestidos, polleras, pantalones elegantes, bleizers y tacones.
-Hace pocos minutos.
Silencio.
-¿Tu... amiga se fue?- preguntó, claro que si. Treinta segundos, un nuevo récord.
-No es mi amiga- aclaré con mucha sinceridad.
Me saqué los zapatos y volví a acostarme en la cama agarrando mi celular del bolsillo.
-No hace falta que me cuentes ni a mí, ni a nadie, pero...
-No estoy saliendo con nadie, mamá- interrumpí mirándola- Y no entiendo porque los dos están obsesionados con eso.
Entró a mi habitación callada y se sentó en la cama. Tenía "la mirada", la mirada de que me iba a decir algo que haría que me sintiera especial.
-Solo queremos que no te pierdas de nada- habló honesta- Es lindo estar enamorado.
-Hay cincuenta millones de canciones que están en desacuerdo contigo, pero está bien- contesté.
Me miró con otra "mirada", la de que debo cerrar la boca porque digo cosas sin sentido.
Mamá y yo siempre nos entendimos. Ella siempre se preocupó por mí, no digo que papá no lo haya hecho ni nada parecido. Pero ella, conseguía que me sintiera único, en vez de raro. Normal, en vez de anormal. Orgulloso de mi mismo, en vez de una pérdida de tiempo.
Mamá y yo no peleábamos nunca. Tampoco es que peleara con papá, porque bueno... apenas hablábamos.
Mamá y yo no teníamos momentos incómodos. Solo momentos claves.
-Y a tu edad, ya sabes...
-¡Mamá!- exclamé incorporándome en la cama un poco, recargándome en el respaldo, asqueado- Ahórrate la charla.
-Por favor...- empezó- A los 9 años, viniste a preguntarnos a tu padre y a mí, si las relaciones sexuales servían solo para tener hijos- siguió obvia y solté una risa, recordando sus caras en ese momento- Y yo te respondí...
-Tendrás una materia llamada "Salud y adolescencia" algún día- completé y ella asintió- Leí un libro sobre eso a la semana, por cierto- confesé.
El tema me interesaba, hasta que los "cambios" empezaron a pasarme y me sentí incómodo con mi propio cuerpo.
-No me sorprende- respondió sonriendo- No quiero que te cierres a las posibilidades, ¿ok?- volvió al tema central.
Desvíe la mirada un poco hacia el póster de Star Trek y volví a ella.
-Ok.
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Mastermind 💻
Acción¿Y si te digo que nada fue un accidente? Oliver, un chico tímido, pero increíblemente inteligente, siempre que lee una novela de misterio sabe perfectamente quien es el culpable después de la página 6, muy responsable y amable. Se le dan muy bien es...
