Capítulo 27

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Mí pierna se movía de arriba abajo, mientras estaba sentado en un sillón de una sala de espera supongo. Había una mesa con sillas, y un mueble con una cafetera y vasos de telgopor. Sarah estaba rompiendo uno poco a poco y tirándolo en la basura.

Tenía un pantalón de gimnasia y un hoddie gris que decía "Policía Federal de Pensilvania" en azul, atrás. Sarah, tenía exactamente la misma prenda, mucho más grande, cubriéndole hasta arriba de las rodillas y nada más.

No daba más de los nervios, estuvimos en esa sala más de hora y media y nadie ha venido a decir ni una palabra.

No paraba de preguntarme que significaba todo esto ¿Iban a meternos en la cárcel? ¿Juicio? ¿Detenernos por horas para ausstarnos y después liberarnos? ¿La mayoría de edad para la cárcel es 18, 21 o 16? ¿La de impunidad?

Mierda, ¿por qué nunca leí un libro de abogacía?

Sentí el sillón hundirse a mi lado.

-Hay un tipo esposado a uno de los escritorios afuera que intenta comérselas para escapar- soltó riéndose- Dios, debe estar tan drogado, es...

-¿Esto te parece un chiste?- la interrumpí, mirándola muy serio y muy molesto. Paró de reirse- No puedes ser tan inmadura ¡Estamos detenidos en la comisaría, Sarah!- exclamé alzando la voz- Y actúas como si nada.

-Explicaremos lo que pasó y nos dejarán ir- contestó con simpleza.

-No me interesa- seguí- Podría perder la posibilidad de entrar a Harvard por esto- era lo único que pensaba desde que me subí a ese auto de policía- Sé que quizás a ti no te importa la universidad, no me sorprendería. Pero, yo si pienso en mi futuro- agregué- Y lo peor de todo, es que esto paso por haberte escuchado.

-¿Disculpa?- se acercó más a mí, muy ofendida- ¿Estás echándome la culpa de esto?

-Tu quisiste entrar a la oficina, aunque te había dicho que era peligroso- respondí- Y mira... tenía razón.

-Lo siento, memoria edética, pero creo recordar con mucha claridad, que te dije que podías esperar afuera.

Iba a contestarle, probablemente muy mal. Pero, la puerta de la sala de espera se abrió y apareció el mismo policía que nos metió al auto, Tannen.

-Lamento haberlos hecho esperar, la noche se pone agitada- dijo mientras se sentaba en el sillón de enfrente con un portapapeles en la mano.

-¿Estamos en problemas?- pregunté desesperado- Porque no hicimos nada malo y...

-Nombres- me interrumpió ignorádome completamente.

Suspiré.

-Oliver Thombson.

Anotó y miró a mi compañera. También lo hice, no respondía. Pasó sus ojos a mí y volvió al oficial, parecía nerviosa.

Claro, ahora está asustada.

-Sarah Golden.

-Bien- asintió después de anotar- ¿Cuál es la historia tan graciosa que querías contarme antes?- me preguntó a mí.

-Nos sacamos la ropa porque tocamos un árbol con un hongo venenoso- respondí con honestidad.

Soltó una risa y lo miré muy mal.

-¿En serio quieres que crea eso?

-Usted cree que yo podría tener sexo con él, no veo porque eso está tan fuera de su lógica- habló Sarah.

Quise quejarme, pero no era importante. Comparto su sentimiento.

El oficial, le respondió con la peor de las caras.

-¿A dónde estaban antes?- siguió con el interrogatorio.

-En la galería de arte de Noah Chulk- contesté.

-¿Y cómo llegaron al árbol?

Intercambié una mirada con mi compañera, rezando que se le ocurriera una buena mentira rápido.

-Me sentía algo mareada- respondió- Salí a tomar aire, no vimos el hongo- agregó- Y él, me comentó lo que pasaba si tocaba la piel.

El policía nos observaba con atención, intentando averiguar si decíamos la verdad o no. Gran parte de la historia lo era.

-Bien- dijo finalmente- Voy a llamar a sus padres para que los vengan a buscar. No los pondré en el sistema, pero quiero que tomen esto como una advertencia- explicó.

No. Ay no. Por una parte, agradecía que esto no haya sido algo oficial y poder olvidarlo (figurativamente hablando, claro). Por otra parte, que mis padres se enteren de esto no era una opción. Me iban a matar.

-Oliver... teléfono y nombres de tu padres.

Suspiré.

-835-610-2103- contesté- Lina y John Thombson.

Anotó y miró a Sarah.

-835-610-2711- dijo. La noté desganada, casi triste y no entendí porque, hasta que siguió hablando- Si mi mamá está lo suficientemente sobria para siquiera atender el teléfono, estoy segura de que vendrá.

El oficial la miró algo incómodo.

-¿Tu papá?

-Tu dime.

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