Capítulo 2

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No, no es posible.

Dejé de mirarla y sinceramente pensé en renunciar. Que me haya robado la goma de mascar era lo mínimo, ya sentía su mala actitud, su sarcasmo, su ego.

La chica se sentó a mi lado, aún tenía un poco del smoothie y tomó un largo sorbo mientras me miraba, lo percibí.

-Oliver...- dijo mi nombre y soltó una risa. La miré entre confundido y sorprendido, porque no parecía parar de hacerme ofender con cualquier cosa- Como Oliver Twist- no reaccioné, ni contesté, quizás esperaba que lo hiciera- Así que... ambos estaremos en una misión... Las vueltas de la vida- siguió- ¿Vas a comer?- preguntó señalando los chicles aún sobre la mesa.

Agarré a regañadientes uno y me lo metí en la boca con rapidez. El nerviosismo va por arriba del orgullo hacia esta chica.

Un hombre bajito, de quizás unos cuarenta años, pelo negro lleno de demasiado gel, vestido de traje y anteojos, apareció por el pasillo con un portapapeles desordenado y llegó hasta el frente, donde había una pantalla grande.

Atrás de él, lo siguió un hombre rubio, grande y musculoso, vestido con ropa deportiva.

-Oigan... Chicos- habló el más bajo. Nadie escuchó creo, había demasiado bullicio como para que su tan tranquila voz se escuchara- Chicos...

-¡Hey!- gritó el otro, haciendo que se formara un silencio inmediatamente.

-Gracias- le contestó el otro- Bueno... Bienvenidos a todos a "La asociación secreta de jóvenes espías de Pennsylvania"- un chico justo detrás de mí, lanzó un grito de celebración que nadie realmente siguió, pero noté que Sarah le chocó los cinco, acompañándolo- Continuando...- el hombre lo miró mal- Yo soy el Señor Hogger, su instructor, guía y representante en este proceso. Y él es James- señaló al otro, este saludó con la mano- Él estará a cargo del entrenamiento físico para uno de cada pareja, como ya han elegido en el formulario- siguió.

Imaginé que sería Sarah, lo único que me cuesta en la escuela es gimnasia y creo, que si no fuera por mi mejor amigo, reprobaria.

-Sin mucho más que agregar... empecemos- dijo. Ambos, se apartaron de enfrente de la pantalla grande, y el Señor Hogger sacó de su bolsillo un pequeño control remoto que apuntó a la pantalla. Esta, se prendió en un gran título que decía: Operación Rosè L'amour- Como ya saben, lo que deben conseguir principalmente, es este maletín- la pantalla cambió a una imagen de Mario L'eruie en su escritorio, sonriendo con un maletín plateado sobre el- No sabemos que hay dentro, pero está desesperado por encontrarlo y confío en nuestra asociación para proporcionarle ayuda- agregó- Por otro lado, este es el principal sospechoso- la pantalla, cambió a un hombre de pelo negro, ojos marrones, quizás más de 30 años- Ralph Jenkins, un socio de la empresa, que desapareció justo cuando el maletín lo hizo, no se llevaba muy buen con el Señor L'eruie- explicó- ¿Preguntas hasta ahora?- el Señor Hogger señaló detrás de mí- Si, Señor...- achinó la vista para ver el nombre en el cartel- Wolfish.

-¿Saben dónde lo vieron por última vez a este tipo?

-Bueno, lo iba a encarar con más detalle a los que se queden conmigo, pero ya que se adelantó...- empezó- Han rastreado su celular por última vez hace dos meses en el bosque de Denton Hill- contestó- Muy bien, lo próximo que les diré es que, como ya sabrán, no pueden hablarle de esto a nadie, solo ustedes y nada más que ustedes. No confíen ni siquiera en los de esta habitación, esto es una competencia también, recuérdenlo- habló más serio- Solo son ustedes y su compañero, deben confiar plenamente en el otro, aprender a trabajar juntos e intentar no pelear. Han sido elegidos muy meticulosamente.

No hay forma de que Sarah y yo podamos hacer cualquiera de esas cosas. Hay algo en ella que no me gusta para nada, es raro, pero... No sé, fue una muy mala primera impresión y en serio creo que no podemos congeniar. No conocí nunca a nadie tan... suelto, tan sencillo. Nada en mi vida es sencillo.

-Bueno... parece que somos solo tu y yo, Oliver Twist- la escuché decir y me volteé a mirarla. Sonreía, con un codo apoyado sobre la mesa y sosteniendo su cara con la mano.

Suspiré, rindiéndome ante el algoritmo.

-No me llames así.

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