Había extrañado tanto besarla, que me sentí mil veces mejor que la primera vez, jamás creí que eso podía ser posible.
Estaba sobre ella en su cama, apoyándome en el colchón con las manos, intentando no rozarla demasiado. Ese día en mi casa, no podía resistirlo, ahora menos. No me sentía listo para hacer nada todavía, era muy pronto y no era el momento.
Pero, de todas formas, deseaba poder besar, acariciar y tocar cada centímetro de su piel, esa piel que tanto me llamaba la atención. Estaba desesperado, Dios.
-Oliver...- murmuró en mis labios.
-¿Qué?- pasé los besos al cuello sin siquiera pensarlo, porque si no podía besarla en la boca, tenía que ser en otro lado.
-No quiero hacer nada- la sentí tragar con dificultad, me puse justo frente a ella y sonreí.
-Tampoco yo- hablé sincero- Ahora... me ayudaste a pensar- pasé a estar a su lado.
-Debería distraete- dijo ella, soltando una risa.
-Me distraje. Ahora, puedo pensar- aclaré, sonrió y, segundos después, se acostó sobre mi pecho y la abracé- Olvídate de las fotos- empecé- Conoces a tu papá, ¿dónde se escondería?
-Ya lo pensé y no se me viene nada...
-Piensa general, no pienses un lugar secreto- interrumpí.
Suspiró y se quedó en silencio unos segundos.
-Siempre quiso mudarse a Nueva York- soltó- Lo hizo por un tiempo, cuando fue a la universidad. Volvió aquí por la familia y el trabajo. Pero, vivía diciendo que quería volver- explicó.
-Ok...- asentí y rió un poco- Cuando era pequeña, me decía que deberíamos visitar una tienda de dulces, que aseguraba que a mí me encantaría. Yo le dije, que entonces, nos mudemos directamente allí- siguió- Mr. Hont Dinell, dulces y chocolates- reí, no me la imaginaba en otro lugar- Y...
-Espera...- mi tren de pensamiento, empezó a unir hilos rápido y dejé de abrazar a Sarah, para sentarme en la cama- Dame algo para anotar.
Se levantó también, y fue hasta su escritorio con rapidez, para volver a sentarse junto a mí, trayéndome su cuaderno y un bolígrafo.
Lo abrí hasta encontrar una hoja en blanco y escribí: Hont Dinell.
-¿Qué piensas?- me preguntó.
-El último lugar donde se activó su teléfono- respondí y volví al cuaderno para escribir: Denton Hill.
-¿Qué hay con eso?- se encogió de hombros- Lo he buscado ahí y...
-Sarah...- la interrumpí- Es un anagrama- aclaré.
-¿Qué?
-Hont Dinell y Denton Hill, son anagramas- repetí- Tienen las mismas letras, en distinto orden- seguí y sonreí- Sarah, tu papá dejó su teléfono ahí a propósito, porque sabía que tu eras la única que sabía sobre la dulcería- expliqué y miró el cuaderno con ambas palabras, sorprendida- Él quería que lo encontraras.
Me miró a mí con los ojos húmedos.
-¿En serio crees que esté ahí?- me preguntó esperanzada.
Me encogí de hombros.
-Creo que hay solo una forma de averiguarlo.
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Mastermind 💻
Aksi¿Y si te digo que nada fue un accidente? Oliver, un chico tímido, pero increíblemente inteligente, siempre que lee una novela de misterio sabe perfectamente quien es el culpable después de la página 6, muy responsable y amable. Se le dan muy bien es...
