La casa de Mario era lo opuesto a lo que creíamos que sería. Nos imaginamos una mansión o... al menos, una casa con tres pisos. No sé.
Pero no. Era un poco más grande que la mía, con puertas y ventanas más bonitas y un barrio un poco más privilegiado, pero nada más.
-¿Segura que es aquí?- le pregunté a Sarah. Estábamos los dos, mirando hacia el lugar desde la vereda, sin poder comprender si estábamos en el lugar correcto.
Estaba cayendo el sol, se veía una parte del cielo aún en azul claro, y el resto, colmado de oscuridad y hacía bastante frío.
Nos aseguramos de que Mario, obviamente no estuviera y, según su agenda, estará en una reunión de negocios hasta después de las nueve de la noche.
-Sip- contestó ella- La ubicación en su Google Maps muestra esto como su casa.
Nos encogimos de hombros, y empezamos a subir los pocos escalones del porche. Llegamos a la puerta y Sarah sacó de su mochila un destornillador.
-Cuando dijiste "tengo un método para abrir la puerta", creí que hablabas en serio- solté.
-Encendí un auto con esto, no me subestimes, ¿recuerdas?- respondió luchando con la cerradura y la herramienta.
Revoleé los ojos y me separé de ella, acercándome hacia una de las ventanas del frente, teniendo una idea. Levanté el vidrio y se abrió sin problema.
-Eh... Sarah...- llamé su atención y se volteó a mirarme. Le señalé nuestra nueva entrada y me mostró una expresión burlona, entrecerrando los ojos.
Solté una risa, mientras volvía a guardar el destornillador en su mochila y se acercó a mí.
Yo entré primero, pasando una pierna y después el resto del cuerpo, corriendo la cortina. Estaba oscuro dentro de la casa, pero una luz roja, me llamó la atención.
Ay no.
-Abajo- dije, mientras me tiraba al piso, y agarraba la mano de mi compañera para llevármela conmigo.
-¡Hey!- tropezó, quedando a mi lado, detrás del sofa- ¿Qué te pasa?
-Hay una alarma- aclaré- Debe haber algún teclado con números para desactivarla- pensé, mirando por la habitación- Seguro esté junto a la puerta- seguí- Ven, mantente en el piso.
Gateamos por el living, hasta llegar a la puerta, vi el teclado numérico junto a ella y me incorporé junto con Sarah.
-Podría llevar horas decodificar esto- se quejó.
-Quizás no- saqué mi celular y alumbré el teclado- Ahí lo tienes. Los números más tocados son 2, 5 y 7- estos estaban, no solo gastados, sino que podía ver las marcas de los dedos con el ultravioleta del celular- Eso nos da...- pensé- Seis posibles combinaciones. Pero, algo me dice que tendremos solo tres oportunidades para desactivarla- agregué.
Toqué 257, nada. 572, la luz roja del living se tornó verde y sonreí.
-¿Ya está?- preguntó Sarah sorprendida y asentí- ¡Eres un genio!- dio un saltito sonriendo y me dio un pequeño beso en los labios, de apenas un segundo- Ahora revisemos cada centímetro de esta casa.
Si pudiera moverme, claro. Me tomó tan desprevenido, que no pude prepararme mentalmente para ese beso. Fue muy corto, extremadamente corto, pero aún asi, sentí que el corazón se me saldría del pecho.
Y me dijo que soy un genio y después me beso ¿Desde cuándo ser un genio hace que una chica linda quiera besarme?
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Mastermind 💻
Acción¿Y si te digo que nada fue un accidente? Oliver, un chico tímido, pero increíblemente inteligente, siempre que lee una novela de misterio sabe perfectamente quien es el culpable después de la página 6, muy responsable y amable. Se le dan muy bien es...
