-¿Cuál es nuestro siguiente movimiento?- preguntó Sarah, ya casi cuando terminábamos con los cafés y las donas.
Pensé en las posibilidades y que podíamos hacer con lo poco que teníamos.
-Podríamos indagar en Ralph, si es que hay algo- dije- Y, sinceramente, esperar.
-¿Esperar qué?- volvió casi a su actitud de siempre.
Admito, que hasta ahora, después de haber establecido las reglas, no me estaba cayendo del todo mal, es más, quizás me estaba empezando a caer un poco mejor. Pero, ya estaba volviendo a ser la chica que robo mi goma de mascar (si, así es, no lo dejaré de decir).
-Que pase algo- respondí- Que Ralph prenda su celular, ya lo ha hecho, que cometa un error.
Sarah frunció los labios un segundo con algo de molestia, para después agarrar dinero de su mochila, dejarlo en la mesa y levantarse para caminar a la salida. Muy confundido, hice lo mismo y la seguí.
-¿Qué?- cuestioné.
Noté que ella apenas tenía un suéter de hilo azul y me dio frío. Aún no estábamos en invierno, pero en Pensilvania siempre se siente el aire fresco en cualquier época del año.
-Que tu cabeza cerrada está interviniendo con la investigación, y ni siquiera han pasado 24 horas desde que nos la dieron- contestó sin parar de caminar por la vereda.
-No estoy diciendo que sea Ralph- aclaré, porque sabía que era eso, lo ha estado repitiendo bastante y tiene razón- Pero es lo único que tenemos por ahora.
Asintió y, pocos pasos después, llegamos al auto. Nos subimos, arranqué y empecé a conducir en silencio.
-Podría hackear el sistema de distribución para saber a donde van las botellas- soltó.
Está loca. Pero creo, que yo estaba más loco para encontrarlo una buena idea.
-Sarah...
-Tengo que decirte algo, antes de que me digas lo inmoral y peligroso que es- me interrumpió.
-¿Qué?- respondí cansado.
-Antes de que estipuláramos las reglas, debes saber, que tuve una idea y la llevé a cabo después de que las estableciéramos. Pero, como lo pensé antes, no cuenta, ¿verdad?- habló con inocencia, aunque con su tono sarcástico de siempre.
-¿Qué hiciste?- pregunté completamente asustado, en serio la creo capaz de cualquier cosa.
-Pegué un chip repetidor bajo la mesa de Mario- confesó.
-¡Sarah!- exclamé molesto- ¡Debiste habérmelo al menos comentado!- seguí.
-Sabía que dirías que no- respondió- Ni siquiera sabes que hace.
-Te da acceso directo a todos los dispositivos a más de un radio de quince metros- hablé seguro- Puedes escuchar si accedes al parlante y ver cualquier cosa que esté en la pantalla.
Gracias, clase de programación en octavo grado.
-Es un inside, nada más- dijo encogiéndose de hombros.
-Me subestimaste, por cierto.
-Ya, bueno, perdón- lanzó un suspiro e hizo una pausa- Hagamos esto: piensa mi idea mañana y el lunes nos volvemos a juntar para seguir- sugirió- Si tienes otra idea, soy toda oídos.
Tengo ansiedad crónica hace años, me estreso con facilidad y si dejan de fabricar goma de mascar, probablemente, caiga en la demencia. Literalmente, ella me generará una taquicardia si sigue así.
Pero, saqué aire por la boca antes de contestarle.
-Está bien.
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Mastermind 💻
Acción¿Y si te digo que nada fue un accidente? Oliver, un chico tímido, pero increíblemente inteligente, siempre que lee una novela de misterio sabe perfectamente quien es el culpable después de la página 6, muy responsable y amable. Se le dan muy bien es...
