Capítulo 22

22 3 0
                                        

Me bajé del auto y caminé metiéndome el tercer chicle del día en la boca. Di vuelta la esquina y vi a bastante gente reunida casi a mitad de cuadra.

Me acerqué a la multitud, buscando a Sarah con la mirada. Hoy veníamos separados, me dijo que estaba ocupada y llegaría con el tiempo justo.

Sigo sin saber demasiado de ella, cuando lo recuerdo, me incómoda, la verdad. Debería hacerle un mini interrogatorio algún día.

-Oliver Twist...- escuché su voz sorprendida y me di vuelta- Apenas te reconozco, siempre estás vestido como un ridículo- asentí, aceptando la broma ya a este punto. Era su personalidad, no podía hacer más nada- Hoy te luciste- sonrió.

-Gracias.

También miré su ropa y... nada, y nada. Pollera ajustada y bastante corta, en color azul oscuro. Un top, o quizás un sostén negro y remera transparente del mismo color por encima. Traía una campera de cuero y botas con algo de plataforma. Hasta estaba maquillada: labios rojos, casi bordo y los ojos delineados, quizás también un poco de sombra en el parpado.

Sentía perfume, esos perfumes que te pones en ocasiones especiales, los que hueles en los centros comerciales cuando te dan a probar perfumes caros.

Tragué en seco y le devolví el gesto.

-Tu también.

-Vamos adentro- me agarró la mano y se metió entre la gente.

Segundos después, cruzamos la puerta de entrada y un lugar amplio, luminoso y organizado apareció.

Había gente, pero el lugar era tan grande, que apenas se notaba. Todos vestidos como nosotros, gracias a Dios. Algunas esculturas y muchísimos cuadros dibujados y pintados, retratos, paisajes y abstractos. Una increíble variedad.

-Uh, brownie- a Sarah se le iluminaron los ojos al ver la mesa de comida a pocos metros y caminó con prisa, agarrando una porción.

-No estamos aquí para comer- me acerqué a ella.

Mordió un pedazo y gruñó de satisfacción.

-Tu no estás aquí para comer- me corrigió con la boca llena- Mi papá solía hacer unos brownies para morirse. Eran, literalmente, un orgasmo para la lengua- siguió. No entendí demasiado la metáfora, me pareció extraña y un poco asquerosa, creo- Pero, estos no se quedan atrás.

-¿Solía?- pregunté. A indagar. Agarré también yo un brownie y lo probé. Nada mal- ¿Ya no hace más?

-¿Sarah?- escuché una voz algo conocida, pero no lo suficiente para darme cuenta quien era. La había escuchado antes, eso seguro.

Ella movió la cabeza buscando al responsable, hasta que lo encontró, al igual que yo.

-Hola, Caleb- lo saludó sonriendo, mientras él se acercaba a nosotros.

-Parece que la competencia está más cerca de lo que creemos- se rió él, mirándola de arriba a abajo- Que sexy- soltó con total naturalidad.

Me terminé el brownie y me crucé de brazos. Y ahora lo miré yo a él: de traje completamente negro, al igual que su camisa y zapatillas Converse.

-No te quedas atrás- le contestó ella. Carraspeé para que, alguno de los dos, se diera por aludido de que seguía ahí. Sarah me volteó a ver y me abrazó por el hombro- Él es Oliver, mi compañero.

-Un gusto, hermano- me extendió la mano con emoción- Caleb Wolfish.

-Igualmente- se la estreché unos segundos, intentando devolverle el gesto.

Había algo en él que no me gustaba para nada. Tengo miedo de que le lave el cerebro para sacarle información.

-Tienes suerte- me dijo y lo miré algo confundido. Señaló a Sarah- Te tocó la mejor.

Mastermind 💻Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora