[Esta es una segunda parte, lee la sinopsis at your own risk]
Lo único de lo que se habla en la ciudad es del Gran Incendio. Tadeo es la cara del caos, sin importar cuánto lo niegue, y Cherry no está nada contenta con el asunto.
Mientras tanto, Wal...
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3:27 AM.
La colisión sacudió mi mundo. El estridente sonido de vidrio roto fue la peor tortura. No mi cuerpo chocando contra el volante, no la presión que me aplastó las costillas y me arrebató el aire. Con un segundo choque explotaron mis oídos. Dolor. Pánico. Me reconocí a mí misma en el peor momento; el terror de lo que me condenaba.
Terror por mi mente.
Por mi sangre.
Sangre fresca en mis dedos, la reconocí en la confusión. Mi frente se resbalaba por ella y la fuerza con que la presionaba contra el volante. Entre el rojo, mis nudillos blancos.
Conseguí concentrarme lo suficiente para ver a Lili. Rojo se extendía por su frente y por el vidrio astillado. Pateaba la puerta para abrirla, pero el auto había chocado de ese lado y la columna de concreto le impedía salir. Me gritaba. Respondí con un quejido agudo y entrecortado. No pude oírme, un zumbido ofuscaba el estruendo exterior, volviéndome loca y débil a la vez, pero supe que sonaba como un animal herido por la manera que me lastimaba la garganta.
Por el otro lado vi a Anahí echada en el suelo. Mégara cavaba desesperada en la acera junto a ella, metiendo el hocico entre los cabellos que le tapaban el rostro. Sus aullidos eran pequeños estallidos en mis tímpanos.
El confuso entorno rogaba por mi atención, por comprender algo. Lo intenté. Juro que lo intenté. El llanto de Elilia, quien se sujetaba los oídos mientras se esforzaba por salir, me demostró que no era suficiente. Era muy débil para luchar contra la agonía. Hiperventilaba, mi visión se hacía doble, luego borrosa.
No, supliqué. Una caída no.
Esquirlas del vidrio que Lili tanto había tratado de destrozar volaron hacia el interior. Unos brazos toscos y agresivos la cubrieron mientras ella gritaba y se resistía. Yo intenté mover la mano hacia la pistola en mi cintura. Ni siquiera sabía qué tocaba. Solo pude ver, esforzarme lo suficiente para focalizar los rasgos del desconocido que intentaba sacar a mi hermana.
Los dientes de Lili se clavaron en los brazos tatuados del hombre. Este gritó algo, quién entendería qué. La golpeó. Ella lo miró con venenoso despreció en el único segundo que tuvo. Había quedado atrapada entre sus labios agrietados la sangre asquerosa del desconocido. Él, metiendo medio cuerpo dentro de la camioneta, se lanzó sobre ella.
Otro cuerpo más menudo saltó, a su vez, sobre él. Se colgó de su cuello y lo empujó hacia adelante para que los pedazos de vidrio roto se clavaran en su garganta. Vi con claridad uno atravesarle la nuez de Adán. El gruñido salvaje de un animal reverberó en la noche, acompañado del de un perro. Pintura violeta pasó de sus dedos a la piel que rasguñaba. Los cabellos desprolijos de Anahí se enredaron con el cristal y lo arrastraron cuando hizo que el hombre, que seguía luchando mientras se desangraba, se arrastrara fuera del vehículo. Un segundo vino por detrás y trató de quitarle de encima a la chica.