Capitulo #8:

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El día siguiente llegó con una sensación de inquietud flotando en el aire. Aunque Aisha intentaba mantenerse firme, sabía que el enfrentamiento con Birsha y Katty no había hecho más que empezar. No estaba sola en su lucha, pero había algo en su interior que la hacía sentir que la batalla aún estaba lejos de ser ganada.

Oroitz, por otro lado, parecía mantener su distancia emocional. No era un chico que se dejara llevar fácilmente por sus sentimientos, y aunque había algo en Aisha que lo hacía sentirse más protector de lo habitual, sabía que no quería involucrarse demasiado. No era que estuviera enamorado de ella, pero su presencia lo inquietaba, de una manera que no lograba comprender del todo.

Aisha, al darse cuenta de su propia evolución, también percibió ese sutil cambio en Oroitz. Él seguía siendo su apoyo, y a veces sus miradas compartían más de lo que las palabras podían decir. Sin embargo, había algo en su actitud que le decía que Oroitz no era el tipo de persona que se complicaría con algo más allá de lo que ya había ofrecido.

Era difícil de definir, pero Aisha intuía que Oroitz, al igual que ella, estaba aprendiendo a enfrentar sus propios sentimientos. Era como si se tratara de una atracción vaga, no de un amor declarado, pero lo suficientemente fuerte como para que se preocuparan el uno por el otro sin saber exactamente por qué.

El día transcurrió sin grandes sobresaltos, pero al final, cuando la campana sonó, Aisha sintió una presión en el pecho, como si todo se estuviera acumulando en un solo punto, esperando estallar en cualquier momento. Decidió salir del aula para respirar un poco. Necesitaba espacio, un respiro.

Pero no pasó mucho tiempo antes de que viera a Oroitz, que, como siempre, parecía estar en su propio mundo, observando la multitud sin involucrarse en las pequeñas luchas sociales de la escuela. Cuando la vio, su rostro mostró una ligera sonrisa, casi imperceptible, pero suficiente para que Aisha se sintiera un poco más tranquila.

—¿Todo bien? —le preguntó Oroitz, acercándose sin presionarla.

Aisha lo miró, notando la ligera tensión en su rostro, como si también estuviera lidiando con sus propios pensamientos.

—Sí, solo... —hizo una pausa, tratando de encontrar las palabras—. Necesito salir de aquí un momento. Solo unos minutos para despejarme.

Oroitz asintió, comprendiendo sin necesidad de más explicaciones. —Te acompaño.

Aunque Aisha no esperaba compañía, no rechazó su gesto. Se dio cuenta de que no estaba mal tener a alguien a su lado, incluso si era solo por un breve rato. La verdad, le resultaba reconfortante la forma en que Oroitz, sin decir mucho, se mantenía cerca.

Caminaban en silencio, ambos absortos en sus propios pensamientos. Sin embargo, Aisha no podía evitar sentirse un poco desconcertada por la manera en que él la miraba de vez en cuando, como si estuviera luchando con algo dentro de sí. No era una mirada de enamorado, pero sí algo más que una simple amistad.

Cuando llegaron a una esquina tranquila del patio, Oroitz se apoyó en la pared, mirando al horizonte, mientras Aisha permanecía en silencio junto a él.

—¿Sabes? —dijo finalmente Oroitz, rompiendo el silencio—. A veces, me pregunto por qué las cosas son tan complicadas. Como todo lo que estás viviendo, Aisha. Lo que pasa con Birsha y Katty. Yo no soy el tipo que se mete en este tipo de cosas, pero... no sé, siento que te debo algo. No sé cómo explicarlo.

Aisha lo miró, sorprendida por la sinceridad en sus palabras. No esperaba que él dijera algo tan profundo, sobre todo porque su actitud siempre había sido más reservada.

—No me debes nada —respondió ella, aunque su tono fue más suave de lo que esperaba—. Solo me molesta que la gente sea tan cruel sin razón. Pero lo superaré. Al final, todo pasa, ¿no?

Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora