capitulo 57

3 0 0
                                        

En la estación de policía, el ambiente era tenso. La madre de Ámbar, Evelyn Parker, se encontraba en una sala apartada, hablando con uno de los oficiales a cargo de la investigación. Su voz era suave pero firme, con ese tono encantador que usaba cada vez que quería conseguir algo. Sus ojos, fríos y calculadores, se fijaron en el oficial mientras le deslizaba lentamente una carpeta con documentos.

—Usted sabe lo que esto puede significar para la imagen del departamento... —dijo con una sonrisa sutil—. Mi hija no es una criminal. Es solo una niña confundida. Podemos arreglar esto... sin escándalos.

El policía, un hombre de mediana edad con rostro cansado, parecía estar dudando. Tenía presión desde arriba, y Evelyn lo sabía. Estaba a punto de ceder, hasta que una voz firme interrumpió la escena:

—¿Qué estás haciendo, Evelyn?

Era Charlie Holloway, el padre de Ámbar. Su rostro mostraba una mezcla de indignación y decepción. Caminó hasta ella y con una mirada que podría atravesar el acero, dijo:

—¿De verdad estás intentando comprar su libertad? ¿Después de lo que le hizo a esa niña... y a ese chico? ¿Después de lo que le causó a la familia de Aisha... y a la madre de Emir?

Evelyn apretó los labios con fuerza, tratando de mantener su compostura.

—Charlie, por favor. Es nuestra hija. No entiendes lo que esto podría hacerle a su futuro. Podemos encontrar otra forma. No es necesario arruinarle la vida por un error...

—¿Un error? —la interrumpió él, con la voz al borde del grito—. Esto no fue un error. Fue una serie de decisiones crueles. Secuestrar a dos menores. Torturar a una niña. ¿Y tú lo llamas un error?

El policía, incómodo, miraba entre ambos sin intervenir. Charlie respiró hondo y bajó la voz, pero no su firmeza.

—Si de verdad te importa nuestra hija, entonces deja de encubrirla. Deja que asuma las consecuencias. Solo así va a entender lo que ha hecho... y tal vez cambie.

Evelyn desvió la mirada, sin palabras. Por primera vez, su máscara de perfección se resquebrajaba.

Mientras tanto, en la casa donde Aisha y Emir estaban retenidos, Aisha recuperaba poco a poco algo de energía. El alimento y el agua que Emir le había dado ayudaron, pero su cuerpo seguía débil, lleno de golpes y moretones, y su mente seguía tensa por la constante amenaza de Jacke.

Emir, por su parte, continuaba con su plan. Actuaba como si estuviera enamorado de Ámbar, fingiendo gestos de cariño, palabras dulces... todo con la intención de que ella bajara la guardia. Por dentro, cada palabra le pesaba, cada sonrisa fingida le revolvía el estómago. Pero sabía que era necesario.

Ese día, Ámbar regresó a la casa con una bolsa en la mano. Parecía feliz, ilusionada. Se acercó a Emir y le dijo:

—Compré ropa nueva para ti... Quiero que te veas más lindo para mí.

Emir sonrió con cuidado, aceptando la ropa.

—Gracias... eso es muy lindo de tu parte.

Mientras tanto, Aisha escuchaba todo desde su habitación. Su corazón se apretaba, pero se aferraba a las palabras que Emir le había dicho: "Todo es parte del plan." Ella no podía fallar. No ahora.

Esa noche, Emir logró hablar un poco más con Aisha. Se escabulló a su habitación durante unos minutos y la encontró más despierta.

—¿Cómo estás? —susurró, acariciando su cabello con ternura.

Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora