Los días siguientes fueron tranquilos y llenos de momentos dulces para Aisha y Emir. Pasaron más tiempo juntos, disfrutando de pequeñas salidas y cenas, charlas y risas. Había algo en el aire, una conexión más fuerte que nunca. Emir parecía estar completamente entregado a ella, y Aisha no podía evitar sonreír cada vez que lo veía o pensaba en él. Parecía que todo estaba yendo bien.
Sin embargo, en medio de su felicidad, Ambar estaba observando desde la distancia. La envidia era algo que ya no podía controlar, y aunque trataba de no mostrarlo, todo lo que veía entre Aisha y Emir la llenaba de furia. El amor que compartían, la cercanía que tenían, todo lo que ella deseaba y nunca iba a tener. Cada sonrisa de Aisha, cada gesto cariñoso de Emir, Ambar sentía que la apartaba aún más de lo que ella quería.
Una tarde, mientras Aisha y Emir caminaban hacia el parque, disfrutando del sol y la conversación, Ambar decidió que era el momento perfecto para acercarse. Sabía que si se acercaba a Aisha, podría hacerle creer que había cambiado, que sentía remordimientos y quería disculparse. La intención real, sin embargo, era otra: acercarse a Emir. No podía evitarlo, él era la pieza que le faltaba, y si tenía que fingir ser buena para ganarse su atención, lo haría.
Aisha y Emir estaban sentados en una banca, charlando tranquilamente cuando Ambar se acercó a ellos con una expresión melancólica en su rostro. Sin que Emir se diera cuenta, Ambar se posicionó justo frente a ellos, con los ojos bajos y una postura de arrepentimiento.
— Aisha... —dijo Ambar, con la voz suave, como si le costara hablar. Aisha la miró y, aunque notaba algo extraño en su actitud, decidió escucharla.
— Aisha... sé que las cosas no han sido fáciles entre nosotras, y he estado pensando mucho. Me he dado cuenta de que te he fallado... y no solo a ti, sino a todos. —Ambar hizo una pequeña pausa, respirando hondo—. Quiero pedirte perdón, de corazón.
Aisha la miró fijamente, viendo en sus ojos algo que parecía sinceridad, pero también podía percibir un matiz extraño. Sin embargo, decidió ser buena. Había madurado mucho en los últimos días, y aunque sabía que Ambar no era su amiga, quería darle una oportunidad para que se disculpara de verdad.
— Está bien, Ambar. Te perdono —dijo Aisha con voz tranquila, aunque había algo en su tono que dejaba claro que no olvidaría lo sucedido.
Ambar sonrió, pero su sonrisa era pequeña y tensa, como si estuviera buscando algo más. Se acercó a Aisha y, en un gesto de aparente empatía, la abrazó. Aisha la aceptó, aunque sintió un ligero escalofrío al sentir la frialdad en su abrazo. Ambar aprovechó el momento para mirar a Emir de reojo, buscando cualquier tipo de reacción.
Emir, al ver lo que sucedía, no podía evitar tensarse. Su primera reacción fue levantarse, pero al ver que Aisha estaba tranquila, decidió quedarse en su lugar. Sin embargo, su mirada estaba fija en Ambar.
— No me fio de ti, Ambar. —Su voz era fría, pero firme. Emir no estaba dispuesto a que Ambar se acercara demasiado a Aisha.
Ambar, notando la tensión en el aire, se giró hacia Emir, disimulando un poco su incomodidad.
— Emir... también quiero pedirte perdón. Sé que fui horrible contigo, pero... —dijo ella, buscando un tono de remordimiento, aunque en su interior solo había frustración. ¿Cómo podría ser tan buena con él sin conseguir nada a cambio?
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Flores Moradas
Fiksi Remajacada momento, en cada persona los recuerdos no salen de la mente
