capitulo#36

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Dos días después, Aisha salió del hospital con la ayuda de Emir. Aunque su cuerpo seguía débil, su alma ya comenzaba a sanar, y caminar nuevamente fuera de aquel lugar que la había atrapado por un par de días era un respiro de libertad. Emir caminaba a su lado, siempre atento, sosteniendo su mano de vez en cuando para asegurarse de que ella no perdiera el equilibrio.

Al llegar a la entrada del hospital, Aisha vio a sus amigas esperándola. Las gemelas, Cami y Yuli, estaban al frente, sus rostros llenos de sonrisas al verla salir. En cuanto Aisha las vio, no pudo evitar sentirse emocionada.

¡Aisha! —gritaron ambas, corriendo hacia ella.

Aisha, a pesar de sentirse un poco débil, les sonrió y, como si su cuerpo se recargara de energía solo con verlas, se dejó abrazar por las dos al mismo tiempo. Era un abrazo cálido, lleno de cariño y apoyo. Las gemelas no podían estar más felices de verla fuera del hospital.

En ese momento, Yuli le entregó un ramo de flores, las flores más coloridas y llamativas que pudo encontrar. Sin embargo, cuando Aisha las miró más de cerca, algo la hizo reír de inmediato.

Chicas... ¿qué son estas flores? —preguntó, aún riendo.

Las flores tenían un tono sombrío, con pétalos morados y lilas muy apagados. Eran flores típicamente utilizadas para los funerales. Aisha las miró, arqueando una ceja, mientras las gemelas se quedaban congeladas por un segundo, dándose cuenta de lo que había pasado.

¡Aisha, lo siento! —gritó Cami, cubriéndose la cara de vergüenza. —¡No sabía que eran flores para muertos!

Aisha no pudo evitar estallar en risa. La escena era tan cómica que no pudo contenerse.

Chicas, esto es para los muertos... —dijo, mostrándoles las flores mientras las levantaba como si fueran un trofeo. —Pero gracias, ¡son hermosas!

Todos los que estaban alrededor empezaron a reír también, aliviados, contentos de ver a Aisha sonriendo de nuevo. Emir no pudo evitar sonreír también al ver la risa de Aisha, aunque en el fondo sabía que ella aún estaba cargando con un dolor profundo, uno que no sería fácil de sanar.

Luego de la pequeña broma con las flores, todos caminaron hacia la casa de Aisha, disfrutando del aire libre. En el camino, la atmósfera era ligera, como si todo lo malo que había sucedido en las últimas semanas finalmente comenzara a desvanecerse. Las chicas, con su energía característica, no paraban de hablar y hacer reír a Aisha.

Cuando llegaron a la casa de Aisha, todas las amigas se ofrecieron a ayudarla a vestirse, querían que se sintiera bien, que se olvidara por un momento de todo lo que había sucedido. Las gemelas se encargaron de sacarle una sonrisa mientras buscaban ropa cómoda pero bonita para ella.

Sin embargo, en medio de todo eso, Dami se acercó a Emir, una mirada seria en su rostro.

Emir... necesito hablar contigo. —su voz era grave, pero aún se podía notar la preocupación en su tono.

Emir asintió, un tanto sorprendido, pero siguió a Dami hacia un rincón tranquilo de la casa. Sabía que este momento llegaría, pues las cosas entre Aisha y Oroitz no habían quedado resueltas, y era necesario hablar sobre lo que pasaría con él.

¿Qué pasa? —preguntó Emir, sabiendo que la conversación no sería fácil.

Dami lo miró fijamente.

¿Qué vamos a hacer con Oroitz? —preguntó directamente, su tono lleno de preocupación. —No podemos ignorar lo que pasó. Aisha está pasando por mucho, y lo último que necesita es a alguien como él cerca. No quiero que vuelva a lastimarla.

Emir suspiró. No era una pregunta fácil, pero sabía que era algo que tenía que responder.

Lo sé. Yo también lo he estado pensando. Aisha no se merece más dolor. Pero... también sé que ella no quiere que lo tratemos mal. No puedo simplemente... —Emir se detuvo, buscando las palabras correctas—. No puedo decidir por ella. Pero creo que, si él sigue mintiéndole o haciéndole daño, tengo que ponerle un límite.

Dami asintió, claramente pensativa. Ella había sido una de las primeras personas en notar los juegos de Oroitz con Aisha, y aunque en el fondo entendía que Aisha siempre había creído en él, no podía dejar de sentir rabia por lo que le había hecho.

Lo que me preocupa... —comenzó Dami—. Es que si Aisha sigue esperando algo de él, se va a lastimar más. Ya ha tenido suficientes momentos de dolor.

Emir la miró, sus ojos fijos en ella.

Voy a hablar con ella. Lo prometo. Pero en este momento, lo único que quiero es que se recupere y que esté bien. Después, veremos qué pasa. Lo que más me importa ahora es ella, Dami.

Dami lo miró por un largo rato, asintiendo con la cabeza al final. Estaba claro que Emir no dejaría que Aisha sufriera más, y aunque su instinto de protección era fuerte, sabía que solo Aisha podía decidir qué hacer con su relación con Oroitz.

Lo sé, solo... ten cuidado. Si llega el momento de que ella se aleje de él, tú tienes que apoyarla.

Emir asintió con firmeza, sabiendo que Dami tenía razón. Lo que viniera no sería fácil, pero lo que más quería era que Aisha estuviera bien, y lucharía por eso, sin importar lo que tuviera que enfrentar.

En ese momento, Aisha salió de la habitación, sonriendo, ya lista para pasar el resto del día con sus amigas. Era un pequeño paso, pero era un paso hacia la recuperación, y en ese momento, Emir sabía que, sin importar lo que pasara con Oroitz, lo más importante era que Aisha estuviera rodeada de quienes realmente la amaban.

 Era un pequeño paso, pero era un paso hacia la recuperación, y en ese momento, Emir sabía que, sin importar lo que pasara con Oroitz, lo más importante era que Aisha estuviera rodeada de quienes realmente la amaban

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