capitulo#39

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Dos meses habían pasado.

Dos meses desde la noche en la que Aisha casi pierde la vida.

Dos meses desde la última vez que Oroitz intentó acercarse a ella.

Y en ese tiempo, las cosas cambiaron.

Aisha seguía sanando, pero tenía algo que antes no tenía: paz.

Ya no tenía esa sensación de angustia en el pecho.

Ya no despertaba en las noches sintiendo que estaba cayendo en un abismo sin fin.

Y todo eso era gracias a las personas que la rodeaban.

Se la pasaba con Emir casi todo el tiempo. Él siempre estaba ahí, cuidándola, apoyándola y haciéndola reír en los días difíciles.

Las gemelas seguían con sus ocurrencias, llenando su vida de risas.

Dami, aunque era la más seria, demostraba su cariño a su manera.

Y hasta Dalia, poco a poco, intentaba arreglar las cosas entre ellas.

Pero aun así, había algo que Aisha no podía olvidar.

La flor morada.

La misma que Oroitz le regaló el Día de la Primavera.

La había guardado en una cápsula especial para rosas, esperando que se marchitara con el tiempo... pero eso nunca pasó.

La flor seguía intacta.

Los pétalos aún tenían ese color morado profundo, y lo más extraño... seguían oliendo a Oroitz.

Aisha no entendía cómo era posible.

—Es imposible que dure tanto tiempo así... —murmuró una noche mientras la miraba.

La flor parecía desafiar el tiempo. Como si fuera un recordatorio eterno de lo que Oroitz representó en su vida.

Y aunque ya no sentía el mismo amor por él, la flor aún tenía un significado importante para ella.

Era un día normal en la escuela.

Aisha se encontraba en el patio con Emir, sentados bajo un árbol.

—¿Cómo te sientes hoy? —preguntó Emir, mirándola con dulzura.

Aisha sonrió.

—Mejor.

Emir asintió, satisfecho.

—Te ves más feliz.

Aisha lo miró de reojo.

—Es porque estás aquí.

Emir se quedó en silencio, sorprendido.

Su corazón latió con fuerza al escuchar esas palabras.

¿Aisha lo estaba viendo de una forma diferente?

Quiso preguntar, pero antes de que pudiera decir algo, una voz interrumpió el momento.

—Aisha...

Aisha y Emir levantaron la mirada al mismo tiempo.

Oroitz estaba parado frente a ellos.

Aisha sintió una extraña sensación en el pecho.

No miedo, pero tampoco comodidad.

Emir se puso tenso al instante.

Oroitz suspiró y la miró directo a los ojos.

—Solo quiero hablar contigo.

Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora