capitulo# 35

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El mundo parecía haberse detenido para Emir. Su corazón latía desbocado, el pánico lo había invadido por completo, pero aún así, no podía dejar de sostener a Aisha en sus brazos. La sacó del agua con rapidez, pero el cuerpo de Aisha estaba tan frío, tan inmóvil, que su mente no dejaba de decirle que había perdido a la persona más importante de su vida.

¿Qué más podía hacer? Pensó. Ya no había nada que hacer. La desesperación se apoderó de él como una marea imparable. Se quedó allí, sujetándola, llorando sin cesar. Su cuerpo temblaba de angustia, y el sonido de las olas se mezclaba con los latidos de su propio corazón. El miedo de haber llegado demasiado tarde lo ahogaba.

Sin embargo, algo dentro de él le decía que no podía rendirse. Aisha merecía luchar por ella. No podía dejar que todo acabara así.

Respiración. Eso fue lo que le vino a la mente. Respiración boca a boca. Aunque su mente estaba nublada por el llanto, Emir hizo un esfuerzo por calmarse. Sabía que el tiempo era crucial. Sin pensarlo, colocó sus manos sobre el pecho de Aisha y comenzó a hacerle los primeros auxilios, presionando ligeramente, asegurándose de que no se ahogara, y luego inclinándose hacia ella, colocando sus labios sobre los de Aisha. Le dio respiración de boca a boca, repitiendo el gesto varias veces, sin rendirse.

Los minutos parecían eternos. Emir apenas podía respirar, y el peso de la angustia lo aplastaba. Aisha seguía sin moverse, y su mente comenzaba a desesperarse. ¿Y si ya no había nada que hacer? ¿Y si la había perdido para siempre?

Pero de repente, algo cambió.

Un leve sonido, un tos débil que hizo que Emir se quedara congelado. Su corazón dio un vuelco en su pecho. Aisha había tosido. Estaba viva. La oscuridad que había nublado su visión comenzó a despejarse en ese mismo instante.

Los ojos de Aisha comenzaron a abrirse lentamente. Emir no podía creerlo. ¿Era real? ¿Estaba realmente viva?

"Emir..." La voz de Aisha salió entre susurros, casi como si fuera una ilusión. Emir se quedó paralizado, incapaz de comprender que lo que estaba sucediendo era real. Miró a Aisha, quien aún tenía los ojos cerrados, pero su mano se movió suavemente, acariciando el cabello de Emir, como un gesto casi automático.

Cuando Emir la escuchó, el peso de la angustia se disipó por completo, y la euforia de saber que Aisha estaba viva lo invadió.

"Aisha... Aisha... ¿Estás bien?" susurró, su voz rota, llena de alivio y desesperación. Su llanto no cesaba. No podía creerlo, no podía creer que estuviera viva.

La abrazó con todo su ser, como si no pudiera soltarla, como si temiera que si lo hacía, ella desapareciera. "No me hagas esto nunca más, por favor," dijo entre sollozos, acariciando su rostro, tocando su piel, buscando confirmar que estaba allí, que realmente la había salvado.

Aisha, todavía un poco aturdida, levantó su brazo con esfuerzo, y con una voz suave, pero clara, respondió.

"Emir... yo..." La frase quedó en el aire, mientras su respiración se estabilizaba poco a poco.

El alivio de Emir era indescriptible. Sus ojos brillaban por la alegría, pero también por el miedo que había sentido momentos antes. La miraba como si fuera lo único que importaba en el mundo. En sus brazos, Aisha estaba débil, pero vivía. Ella estaba en sus brazos, respirando, y eso era todo lo que importaba.

Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora