A veces, el destino tiene una forma extraña de recordarnos las cosas que intentamos olvidar.
Ese día, mientras ordenaba mi habitación, me topé con algo que había dejado escondido desde hacía mucho tiempo.
Un cuaderno.
No era cualquier cuaderno. Era el cuaderno que había hecho para Oroitz cuando estaba perdidamente enamorada de él. Sus páginas estaban llenas de mis sentimientos, de mis pensamientos más sinceros, de todo lo que alguna vez soñé con decirle pero nunca tuve el valor de hacer.
Al sostenerlo en mis manos, sentí que el aire se volvía pesado. Mi corazón se encogió, como si una parte de mí volviera a esa etapa en la que él lo era todo para mí. En la que cada día giraba en torno a él.
Cerré los ojos y respiré hondo. Ya no quería sentirme así. No quería seguir atrapada en el mismo círculo de dolor.
Así que hice lo único que sentí que me ayudaría a cerrar ese capítulo de mi vida.
Tomé un bolígrafo y, en la última página del cuaderno, le escribí una carta de despedida.
"Oroitz,
No sé si algún día leerás esto, pero necesito escribirlo. Necesito soltar todo lo que he guardado en mi corazón durante tanto tiempo.
Te amé. Con todo lo que fui, con todo lo que tuve. Y aunque sé que nunca sentiste lo mismo, yo te di una parte de mí que jamás podré recuperar. Me aferré a la idea de que algún día cambiarías de opinión, de que me verías de la manera en que yo te veía. Pero ahora entiendo que ese día nunca llegará.
No quiero seguir viviendo con la esperanza de algo que nunca pasará. No quiero seguir lastimándome sola.
Así que hoy, decido dejarte ir. No porque quiera, sino porque lo necesito. Porque me merezco algo más que esta tristeza constante, que este amor que nunca fue correspondido.
Gracias por haber sido una parte de mi historia. Pero hasta aquí llego yo.
Adiós, Oroitz.
- Aisha.
Cuando terminé de escribir, mis manos temblaban. No sabía si realmente estaba lista para soltarlo, pero tenía que intentarlo.
Dejé el cuaderno en su lugar, asegurándome de que Oroitz pudiera encontrarlo. Y sin mirar atrás, me alejé.
Esa tarde, él lo leyó.
Cada palabra, cada sentimiento que alguna vez había puesto en esas páginas. Y por primera vez, lo entendió.
Se sintió tonto. Arrepentido. Como si, de repente, se diera cuenta de todo lo que había ignorado durante tanto tiempo.
Pero para cuando terminó de leer, yo ya estaba lejos.
Me alejé llorando, con el pecho pesado y los ojos nublados.
Porque aunque escribir esa carta me había ayudado a liberarme, el dolor seguía ahí.
Esa noche, Emir me llamó.
—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó con su voz tranquila, sin saber nada de lo que había pasado.
—Bien... solo un poco cansada —mentí.
No quería contarle. No quería que pensara que aún no había superado a Oroitz, aunque en el fondo supiera que era cierto.
—Descansa, ¿sí? No quiero que te sobrecargues con cosas que no valen la pena —dijo con dulzura.
Cerré los ojos, tratando de aferrarme a su voz.
Quería creer que todo estaría bien. Que realmente había dejado a Oroitz atrás.
Pero esa noche, mientras intentaba dormir, su nombre seguía resonando en mi mente.
Y me di cuenta de que soltar a alguien a quien amas... nunca es tan fácil como parece.
fin del capitulo....
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.