La fiesta estaba en su mejor momento.
Las luces moradas parpadeaban al ritmo de la música, el ambiente se llenaba de risas, pasos de baile torpes pero divertidos, y el olor dulce del pastel mezclado con los bocaditos favoritos de Aisha.
Cami y Yuli estaban en la pista, bailando como si no hubiera un mañana.
—¡Esta canción es mi himnooo! —gritó Cami mientras giraba a Yuli como si fueran estrellas del pop.
Dami, aunque más seria, se dejó llevar un poco por la música, moviendo la cabeza con una media sonrisa.
Dalia tomaba fotos de todos, capturando los momentos más tiernos y más ridículos también.
—¡A ver, todos junten la cara que va selfie!
Click. Flash.
Todos muertos de risa.
Aisha observaba a sus amigas con los ojos brillantes, emocionada. Se sentía tan amada, tan feliz, tan completa.
Estaba tomada de la mano de Emir, que la miraba con ternura.
Ambos caminaban hacia un rincón más tranquilo del salón, bajo unas luces colgantes que caían como luciérnagas moradas.
—Aisha —dijo Emir, deteniéndose.
Ella lo miró.
—¿Qué pasa?
Él sonrió de lado, como si estuviera a punto de decir algo importante.
—Yo también quiero darte otro regalo —murmuró—. Un regalo que nadie más te pueda dar.
Aisha parpadeó sorprendida, pero no dijo nada. En vez de eso, lo besó suavemente en los labios.
—Entonces... que sea una promesa —dijo ella, sonriendo—. Pero tienes que bailar conmigo primero.
Él soltó una risita y la tomó de la cintura. Comenzaron a bailar lentos, rodeados del murmullo de la música y las voces felices de sus amigos.
Un poco más tarde, llegó Anne, la hermana de Oroitz. Vestía completamente de negro como siempre, con su cabello corto y perfecto. Tenía una presencia elegante pero amable. Aisha la miró con curiosidad.
—¿Ella es... tu hermana? —preguntó Aisha, mirando a Oroitz.
—Sí —respondió él—. Te presento a Anne.
Anne extendió la mano con una sonrisa suave.
—Así que tú eres Aisha. Encantada. Te ves preciosa con ese vestido, por cierto.
Aisha la tomó de la mano, encantada.
—¡Gracias! Tú también te ves increíble. Me encanta tu estilo.
Anne rió, divertida.
—Me caes bien. Das good vibes, ya sabes... como alguien que ilumina donde entra.
—Awww —dijo Aisha, sonrojada—. ¡Gracias, en serio!
Desde entonces, Anne se quedó un rato hablando con ellas. Le encantaba ver a su hermano hablando con otras personas sin ocultarse tanto, sin su típica frialdad. Parecía... más humano, más él.
La fiesta seguía: música tras música, bailes locos, risas fuertes, muchas fotos con filtros tontos y bailes en grupo con pasos sincronizados.
Cami organizó una mini coreografía de Stray Kids, Yuli le siguió el ritmo y hasta Dalia se animó a imitar los pasos.
Dami terminó grabando todo, negando con la cabeza pero riéndose.
Lucas, desde una esquina, miraba a Aisha con una sonrisa tranquila, sabiendo que ella estaba feliz... y eso le bastaba.
Los padres de Aisha también bailaron un poco, tomándose fotos con ella, orgullosos de verla sonreír tanto.
Cuando trajeron el pastel, todos cantaron el "feliz cumpleaños" a todo pulmón. Aisha cerró los ojos antes de soplar las velas.
Pidió un deseo, sin decirlo, pero en su corazón solo pensó en una cosa:
"Que esta felicidad dure mucho, mucho tiempo."
Y con eso, sopló las velas, rodeada de amor.
Continuará...
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Flores Moradas
Ficção Adolescentecada momento, en cada persona los recuerdos no salen de la mente
