capitulo #49

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El sol de la mañana ya estaba iluminando la habitación de Aisha, pero ella seguía envuelta en su frazada, disfrutando de su última dosis de sueño antes de que la realidad la golpeara: ¡estaba llegando tarde a clases!

—¡Mierda, mierda, mierda! —exclamó, saltando de la cama como si alguien la hubiera electrocutado.

Mientras intentaba cambiarse rápidamente, se tropezó con una de sus zapatillas y casi se fue de cara al suelo. Salió corriendo del cuarto, bajando las escaleras con una media puesta y la otra en la mano, sin notar que su cabello aún estaba todo despeinado.

Abajo, Emir la esperaba pacientemente con una sonrisa divertida.

—Aisha... ¿Te peleaste con un huracán antes de bajar? —preguntó, mirándola de arriba abajo.

—¡Cállate y vámonos antes de que lleguemos más tarde! —le respondió, terminando de ponerse la otra media mientras corría.

Cuando llegaron al colegio, ya estaban tarde. Otra vez. Entraron a sus clases con una mirada culpable, pero los profesores ya estaban acostumbrados a sus llegadas de último minuto.

Durante el recreo, el ambiente se llenó de emoción. Pronto sería el cumpleaños de Aisha, el 14 de abril, y todos estaban ansiosos por celebrarlo.

—¡Tiene que ser una fiesta épica! —dijo Cami, emocionada.

—Sí, algo grande, algo inolvidable... algo que haga que ni siquiera nos acordemos de lo que pasó anoche... —bromeó Yuli.

—¿Qué pasó anoche? —preguntó Dami, curiosa.

—No lo sé, pero suena más cool si lo digo así, ¿no crees? —respondió Yuli con una sonrisa pícara.

Emir estaba especialmente emocionado, planeando en su mente una sorpresa especial para Aisha. Quería que fuera un cumpleaños increíble para ella, algo que la hiciera sentir más especial de lo que ya era para él.

—¡Podemos decorar con luces, globos y un pastel enorme! —dijo Dalia.

—¡Pero que sea de chocolate! —añadió Cami.

—No, que sea de fresas. —dijo Yuli.

—¿Y si mejor hacemos los dos? —sugirió Emir.

Todos lo miraron con respeto.

—Este hombre sí que sabe cómo tratar a una reina. —dijo Dami, asintiendo con aprobación.

Pero, entre toda la emoción y las risas, alguien apareció en la escena. Oroitz.

Se sentó en una banca vacía cerca del grupo, sin ser invitado. Su presencia hizo que, por un momento, todos se quedaran en silencio.

El ambiente cambió. No era necesariamente tensión, pero sí incomodidad.

—Bueno... en fin... —dijo Dalia, intentando reanudar la conversación como si Oroitz no estuviera ahí.

—¡Sí! Volviendo al tema... ¿quién se encargará de la música? —preguntó Cami, ignorando completamente la presencia de Oroitz.

—Yo puedo hacer una playlist. —ofreció Emir, sin siquiera mirar a Oroitz.

—Que tenga reggaetón del viejo, por favor. —dijo Yuli, con tono serio.

—¿Y cuál es el reggaetón viejo para ti? —preguntó Dami.

—No sé... el de hace cinco años, supongo. —respondió Yuli, encogiéndose de hombros.

Dalia casi se atraganta con su agua.

—Dios mío, me siento anciana.

Mientras todos reían, Oroitz solo se quedó sentado, sin decir una palabra. Sabía que no era bienvenido, pero no podía evitar querer estar cerca, aunque solo fuera para observar.

Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora