Aisha y Emir bajaron por las escaleras, cada uno en silencio, con el corazón latiendo más rápido de lo normal. Aunque iban de la mano, sus dedos temblaban un poco. Al llegar a la sala, vieron a la madre de Emir sentada en el sofá, esperándolos con una expresión serena, pero con los labios apretados. No estaba molesta... pero definitivamente quería hablar.
—Siéntense —dijo con una voz suave pero firme.
Ambos se sentaron frente a ella, sin soltar la mano del otro, algo nerviosos, mirando hacia abajo.
La madre los observó unos segundos y luego suspiró, cruzando las piernas y apoyando los codos sobre sus rodillas.
—No estoy aquí para gritarles ni para hacerlos sentir mal —empezó, con esa voz maternal que siempre sabía cómo llegar al corazón—. Lo que pasó entre ustedes... no estuvo mal. Es parte de crecer, de explorar el amor, de conocer a la persona que te importa. Pero también... no estuvo del todo bien.
Aisha tragó saliva, y Emir apretó su mano un poco más fuerte.
—No por hacerlo, sino por cómo lo hicieron —continuó—. Fue impulsivo, bajo los efectos del alcohol... y sin pensar en todo lo que implica. Y eso me preocupa, no como madre estricta, sino como alguien que los quiere y quiere lo mejor para ustedes.
Aisha levantó la mirada, sus ojos brillaban un poquito. La mamá de Emir la miró con dulzura.
—¿Se cuidaron?
Aisha se sonrojó. Emir también, bajando la mirada.
—Sí... yo tenía un condón —dijo Emir bajito.
La madre asintió, aunque su expresión no cambió.
—Bien, pero igual quiero asegurarme de que estés tranquila, Aisha.
Sacó un pequeño paquete de su bolso. Una pastilla del día después.
—Esto no es algo que se deba usar como método frecuente, pero puede ayudar en estos casos. No es una solución mágica, pero sí una forma de estar más seguras.
Aisha, sorprendida por el gesto, la tomó con ambas manos y la observó unos segundos antes de tragarla con el vaso de agua que le ofrecieron.
—Gracias... de verdad —dijo ella en voz baja, sintiendo una mezcla de vergüenza y alivio.
—No tienes que agradecerme, Aisha. Solo prométanme que si algo vuelve a pasar, lo hablarán bien, que serán responsables... y que se cuidarán. No solo físicamente, también emocionalmente.
Emir asintió con sinceridad.
—Lo prometo, mamá.
—Yo también... lo prometo —dijo Aisha, apretando un poco más la mano de Emir.
La madre se levantó, se acercó y les acarició la cabeza a ambos con ternura.
—Confío en ustedes. Solo recuerden que el amor no es solo lo que pasa en una noche, sino todo lo que viene después.
Se dio la vuelta y fue hacia la cocina, dejándolos solos en el sofá. Aisha recostó su cabeza en el hombro de Emir, y él le dio un beso en la frente.
—Tu mamá es increíble —susurró ella.
—Lo sé... —respondió él, abrazándola más fuerte.
El lunes llegó más rápido de lo que Aisha y Emir esperaban. Después de una noche intensa y una mañana llena de emociones con la madre de Emir, lo último que imaginaban era volver al instituto como si nada hubiera pasado.
Sin embargo, al entrar por la puerta principal, se encontraron con una escena inesperada.
—¡AISHA! —gritaron Yuli y Cami, corriendo desde el patio como si no se hubieran visto hace siglos.
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Flores Moradas
Ficção Adolescentecada momento, en cada persona los recuerdos no salen de la mente
