capitulo #56

5 0 0
                                        

Emir se obligó a sonreír, aunque su alma estuviera hecha pedazos. Se acercó a Ámbar con una dulzura falsa, fingiendo que su mundo giraba a su alrededor, fingiendo que nada le importaba más que ella. Sabía que lo estaba logrando. La veía mirarlo con ojos brillantes, como si fuera el sol. Como si fuera suyo. Y Emir, en su interior, sentía un profundo asco, pero nada de eso podía salir a la luz. Tenía que mantener la farsa.

"Ámbar... realmente eres increíble," dijo Emir, mirando sus ojos, viendo cómo se iluminaban con cada palabra que salía de su boca. Sabía que necesitaba seguir con el teatro, al menos por ahora. Si ella lo pensaba suyo, si pensaba que tenía control sobre él, tendría la oportunidad de hacer algo. Y tenía que mantener su atención en él, a toda costa.

Ámbar, completamente fascinada, respondió con una risa nerviosa y un brillo en sus ojos. "Sabes que siempre quise esto, ¿verdad? Que tú y yo estuviéramos juntos. Que todo fuera perfecto."

Emir asintió, pero dentro de él, la culpa lo devoraba. No podía dejar de pensar en Aisha, en su sufrimiento, en cómo todo lo que él hacía en ese momento, todo lo que fingía, era por ella. Si podía manipular a Ámbar lo suficiente, podría encontrar una forma de escapar, de sacarlos a ambos de ese lugar.

Mientras tanto, en el cuarto de Aisha, la situación era mucho más sombría. El constante acoso de Jacke había comenzado a dejar marcas profundas no solo en su cuerpo, sino también en su mente. Cada toque, cada palabra, cada acción, parecía romperla aún más. No solo se sentía sucia, sino también completamente impotente. Las horas pasaban sin que pudiera encontrar un respiro.

Aisha estaba desesperada, pero su cuerpo estaba tan débil. No había comido en días, y la anemia la hacía sentir aún más exhausta. Su estómago estaba vacío, rugiendo por algo de alimento, pero no podía ni moverse. Las fuerzas la abandonaban poco a poco. Su salud, que ya estaba en peligro, empeoraba con cada momento que pasaba en ese lugar, lejos de la seguridad que una vez tuvo.

Y lo peor de todo era la constante preocupación por Emir. El dolor en su corazón no la dejaba en paz. Lo que más deseaba en este mundo era verlo, abrazarlo, asegurarse de que estaba bien. Pero Emir, al parecer, la había olvidado. O eso era lo que le quería hacer creer.

Aisha estaba segura de que Emir ya no sentía nada por ella. Había empezado a ver cómo se acercaba más a Ámbar, cómo sus gestos, sus palabras, todo lo que hacía, solo le mostraba a Aisha que él ya no estaba interesado en ella. Eso la estaba destrozando. ¿Acaso Emir la había dejado atrás?

Pero lo que Aisha no sabía era que Emir, aunque fingía estar con Ámbar, sentía un dolor profundo por cada momento que pasaba lejos de ella. Cada vez que Ámbar lo tocaba, cada vez que sentía sus manos sobre su piel, se sentía sucio, como si estuviera traicionando a Aisha una vez más. Pero todo era parte del plan. Tenía que hacerlo. No podía dejarse atrapar en su desesperación. Tenía que ser fuerte.

Un día, mientras Emir fingía interés por Ámbar, no pudo evitar preguntar por Aisha, como si realmente no le importara. "¿Cómo está esa?" le preguntó, el rostro impasible, como si no le afectara en lo más mínimo.

Ámbar, como si estuviera encantada con la atención de Emir, respondió con una sonrisa amplia. "Oh, Aisha... no ha comido en días. Está débil. Supongo que se lo merece por haberme hecho la vida tan difícil. Pero no te preocupes, cariño. Yo me encargaré de ella."

Las palabras de Ámbar cortaron como cuchillos. Emir apretó los puños, sintiendo la rabia crecer dentro de él, pero se obligó a mantener la calma. Sabía lo que estaba haciendo. Estaba jugando un juego peligroso, pero era el único que tenía. Si mantenía a Ámbar engañada, si podía manipularla lo suficiente, lograría liberar a Aisha.

Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora