No podía pensar en otra cosa.
El beso de Oroitz seguía ardiendo en mis labios como una marca imposible de borrar.
Mi corazón latía frenéticamente, como si hubiera despertado después de un largo letargo. Sentía una mezcla de emoción, nerviosismo y confusión.
¿Por qué lo había hecho?
Él mismo me había dicho que no podía enamorarse de mí. Me había rechazado más de una vez. Y, aun así... me había besado.
No tenía sentido.
Pero una parte de mí—la parte que nunca había podido soltarlo del todo—quería aferrarse a ese instante.
Quería creer que significaba algo.
Quería creer que era una señal, una oportunidad.
Tal vez, después de todo, Oroitz sí sentía algo por mí. Tal vez le costaba admitirlo. Tal vez... solo necesitaba tiempo para darse cuenta.
Esas ideas comenzaron a dar vueltas en mi cabeza, alimentando una ilusión peligrosa.
Me pasé el resto del día en un estado de euforia y ansiedad. No podía dejar de pensar en él.
¿Y si ahora todo cambiaba?
¿Y si este beso era el inicio de algo más?
Pero en medio de toda esa emoción, había algo que no me dejaba tranquila.
Emir.
La culpa empezó a instalarse en mi pecho como un peso insoportable.
No le había contado nada. No podía. No sabía cómo.
Él siempre había sido tan bueno conmigo, tan paciente, tan sincero... y yo, en un solo segundo, estaba considerando tirar todo eso por una ilusión.
Por un amor que siempre había sido incierto.
Pero, ¿qué podía hacer?
No podía ignorar lo que sentía.
No podía simplemente pretender que el beso no había pasado.
Sabía que tenía que hacer algo. No podía seguir con Emir mientras mi cabeza estaba en otra parte, mientras mi corazón seguía latiendo por otro chico.
Tenía que ser justa con él.
Así que esperé hasta la tarde y le envié un mensaje a Emir, pidiéndole que habláramos.
Nos encontramos en el parque, el mismo en el que habíamos pasado tardes enteras riendo y conociéndonos.
El viento soplaba suavemente, moviendo las hojas secas a nuestro alrededor. El cielo estaba pintado de tonos naranjas y rosados, creando una atmósfera tranquila... pero yo no me sentía tranquila en absoluto.
Emir me miró con una pequeña sonrisa, pero había algo en sus ojos que me decía que él ya sospechaba lo que estaba por venir.
—¿Todo bien? —preguntó con su tono suave de siempre.
Tragué saliva y asentí, aunque no era verdad.
—Sí... bueno, no sé. Es solo que... he estado pensando mucho.
Él no dijo nada. Solo esperó.
Respiré hondo.
—Creo que deberíamos darnos un tiempo —solté finalmente.
Vi cómo su expresión cambiaba sutilmente. No parecía sorprendido, pero sí dolido.
—¿Un tiempo? —repitió, como si quisiera asegurarse de que había escuchado bien.
Asentí lentamente.
—No es porque haya pasado algo malo —dije rápidamente, sintiéndome una basura por no ser completamente honesta—. Es solo que... necesito aclarar mis sentimientos.
Y era cierto.
No quería hacerle daño. No quería seguir con él cuando mi mente y mi corazón estaban divididos.
Emir se quedó en silencio por un momento, y yo sentí que el aire se hacía más pesado.
Pero entonces, sonrió de una manera triste.
—Lo entiendo.
Su respuesta fue tan simple que me sorprendió.
—¿Lo entiendes?
—Sí. No quiero que estés conmigo si tienes dudas. Quiero que estés segura.
Sus palabras me golpearon más fuerte de lo que esperaba.
—Emir, yo... —empecé, pero él negó con la cabeza.
—No tienes que decir nada más. Si necesitas tiempo, te lo daré.
Se veía tan tranquilo, tan comprensivo, que por un segundo, sentí la tentación de decirle la verdad. De confesarle todo.
Pero no lo hice.
Porque sabía que no tenía sentido herirlo más de lo necesario.
—Gracias —susurré, sintiéndome más culpable que nunca.
Emir asintió, pero no dijo nada más.
Nos quedamos en silencio por un rato, observando el cielo cambiar de color.
Y por primera vez en mucho tiempo, me sentí completamente perdida.
No sabía si estaba tomando la decisión correcta.
No sabía si realmente quería alejarme de Emir o si solo estaba corriendo detrás de algo que nunca había sido real.
Pero había algo que sí sabía.
Mi corazón, por más que lo negara, todavía pertenecía a Oroitz.
Y ese era el verdadero problema.
ESTÁS LEYENDO
Flores Moradas
Teen Fictioncada momento, en cada persona los recuerdos no salen de la mente
