Las clases pasaban rápido, pero mi mente estaba en otro lugar. No podía dejar de pensar en la carta, en el cuaderno, en Oroitz. ¿Lo habría leído? ¿Cómo se habría sentido al hacerlo? ¿Le habría importado siquiera?
Intenté concentrarme en las clases, pero mi pecho seguía doliendo. El peso de todos mis sentimientos reprimidos me hacía sentir como si algo dentro de mí estuviera a punto de romperse.
Cuando llegó la hora de descanso, no pude más. Me alejé un poco del grupo y dejé que las lágrimas cayeran.
No quería que nadie me viera así, pero la tristeza me estaba consumiendo.
Justo en ese momento, lo vi.
Oroitz se estaba acercando.
El pánico se apoderó de mí. No quería verlo, no quería enfrentar lo que fuera que él tenía que decir. Así que, sin pensarlo dos veces, abracé a mi mejor amiga, escondiendo mi rostro en su hombro para evitar que me viera.
Pero él no se detuvo.
—Aisha... —su voz era suave, pero aún así me atravesó el pecho.
Me mordí el labio, deseando desaparecer en ese instante. No quería escucharlo, no quería darle la oportunidad de desarmarme otra vez.
—Hablen —dijo mi mejor amiga en un susurro.
La miré, rogándole en silencio que no me hiciera esto. Pero ella solo me sostuvo la mano con firmeza, como si supiera que esto era algo que necesitaba enfrentar.
Tomé aire y asentí.
—Está bien. Pero no voy a mirarte —dije en voz baja, con los ojos clavados en el suelo.
Él suspiró.
—Aisha, eres una chica hermosa. Y por más que lo intento... no logro enamorarme de ti.
Cerré los ojos con fuerza.
Cada palabra era como un golpe directo a mi corazón.
—Te quiero mucho —continuó—. De verdad. Y me encantó el cuaderno.
Por primera vez en todo el día, sentí algo diferente.
Dolor, sí. Pero también... cansancio.
Cansancio de seguir esperando algo que nunca iba a pasar.
No respondí. No quería seguir esta conversación.
La campana sonó, marcando el final del descanso. Sentí un leve alivio; al menos tenía una excusa para irme.
Di un paso hacia atrás, lista para volver al aula, pero Oroitz me detuvo.
—Espera...
Su mano tomó la mía con suavidad, y cuando levanté la mirada, me di cuenta de que todos ya se estaban yendo.
El patio se estaba quedando vacío.
—Déjame ir, Oroitz —susurré, sintiendo que mi corazón latía con fuerza.
Pero él no lo hizo.
Y antes de que pudiera procesar lo que estaba pasando...
Me besó.
Mi primer beso.
Me quedé completamente paralizada, mis ojos abiertos con sorpresa. Mi mente estaba en blanco.
No entendía nada.
¿Qué significaba esto? ¿Por qué lo estaba haciendo?
Él me había dicho que no podía enamorarse de mí... ¿Entonces por qué?
Cuando finalmente reaccioné, me aparté bruscamente.
—¿Qué... qué acabas de hacer? —logré decir con la voz temblorosa.
Oroitz me miró, pero no dijo nada.
No tenía respuesta.
Y yo... tampoco.
Con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho y la mente hecha un caos, di la vuelta y me fui.
Sin mirar atrás.
Sin saber qué pensar.
Solo con una pregunta rondando en mi cabeza.
¿Por qué?
fin del capitulo....
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.