capitulo#28

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Oroitz se encontraba en su habitación, recostado sobre su cama, con los auriculares puestos y la música envolviéndolo como un manto protector. No quería pensar en nada más, solo dejarse llevar por las canciones que habían sido su refugio en los momentos más difíciles. Entre las canciones que sonaban en su playlist, una apareció de repente, casi como si el destino le hubiera obligado a escucharla.

Era una canción que no recordaba haber añadido, pero que de alguna manera parecía haber llegado a él en el momento perfecto: "Perdón" de Camila.

La melodía suave y melancólica comenzó a sonar, y en el instante en que escuchó la primera frase, una ola de arrepentimiento lo invadió. Prometí quererte para siempre... Las palabras parecían clavarse en su pecho, como si todo el peso de lo que había hecho, de lo que había permitido que sucediera, cayera sobre él.

"Si el destino tuvo planes diferentes... y te herí por accidente, perdón..."

Las letras de la canción resonaban en su mente, como si hablaran directamente a su alma. Él se sentó en la cama, dejándose llevar por la melodía, las palabras de la canción encajando perfectamente con lo que sentía en ese momento. Todo lo que había hecho, todas las mentiras que había dicho a Aisha... él sabía que la había herido, que había jugado con sus sentimientos de una manera cruel e innecesaria. Pero había algo dentro de él que le impedía confesarle la verdad, decirle lo que realmente sentía. El miedo. Miedo a perderla, miedo a ser vulnerable, miedo a enfrentar las consecuencias de sus mentiras.

"Si me solté de ti, si no te defendí, fue que mi corazón estaba ciego..."

Las palabras le cortaron la respiración. Oroitz había sido ciego, había dejado que su miedo a enfrentarse a sus propios sentimientos lo alejara de ella. Aisha había estado ahí, siempre, esperando que él se diera cuenta de lo que sentía. Pero él no lo había hecho. En cambio, había jugado con su corazón, con su confianza. ¿Qué tipo de persona era él?

"Qué estupidez perderte, para verlo..."

El dolor de la canción lo atravesó como una lanza, haciéndole desear con todo su ser poder retroceder en el tiempo y arreglar todo lo que había roto. ¿Por qué no había sido honesto con Aisha? Ella merecía algo mejor que las mentiras, que el juego constante con sus sentimientos.

"Lo peor es que yo fui quien lo escribió..."

La verdad se le antojaba insoportable. Él había escrito esa historia. Había creado este caos, y ahora no podía dejar de atormentarse por ello. No podía dejar de pensar en lo que había hecho a Aisha, en la herida que le había causado. ¿Y si no había forma de sanar ese daño? ¿Y si era demasiado tarde para pedir perdón?

"Me esperan los demonios, que deja tu olvido, que juegan conmigo..."

Oroitz cerró los ojos con fuerza. La culpa lo consumía. Sabía que Aisha ya no confiaría en él. Sabía que lo había perdido. Y mientras la canción seguía sonando, con cada palabra, el peso de su arrepentimiento aumentaba.

"Ya sé que es cobarde pedirte en una canción... Perdón..."

Perdón. Esa palabra quedó flotando en su mente. Si pudiera, si tan solo pudiera retroceder en el tiempo, no habría jugado con sus emociones. No le habría dado falsas esperanzas. Pero ahora ya era tarde para cambiar lo que había hecho. Solo le quedaba el dolor de saber que había sido él quien había escrito su propia condena.

A medida que la canción llegaba a su fin, Oroitz se quedó allí, con los ojos cerrados, como si de alguna manera eso pudiera ayudarlo a escapar de lo que sentía. Quiso decirle la verdad a Aisha, quería gritarle que no podía seguir mintiéndole. Pero algo dentro de él, algo muy profundo, lo frenó. La culpa. El miedo. No podía hacerlo. No podía ser tan cruel como para destrozar lo que quedaba de su relación.

Cuando la canción terminó, el silencio llenó la habitación, pesado y profundo. Oroitz se quedó allí, mirando al vacío, como si esperara una respuesta, una señal. Pero no la hubo.

¿Qué debía hacer? ¿Cómo podía enfrentar la verdad? Si le contaba lo que realmente sentía, si le decía que le importaba, que le había mentido por miedo... ¿Lo entendería? ¿O todo estaría perdido?

La respuesta, en su corazón, era clara: no podía decirle la verdad. No podía arriesgarse a perderla por completo.

Con un suspiro, se quitó los auriculares, sintiéndose más solo que nunca. Sin embargo, las palabras de la canción seguían retumbando en su cabeza: "Perdón". Pero, ¿era demasiado tarde para pedirlo?

 Pero, ¿era demasiado tarde para pedirlo?

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Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora