Oroitz no podía seguir con esto. Tenía que decirle la verdad.
Durante todo el día, su mente fue un torbellino de pensamientos caóticos. Las mentiras, la culpa, la rabia... todo se mezclaba dentro de él como un veneno imposible de ignorar. Y lo peor de todo era que ahora también había arrastrado a Emir a su desastre.
Se repetía una y otra vez que Aisha había jugado con él. Que había sido ella quien había mentido primero, que no tenía derecho a sentirse como la víctima. Pero una parte de él sabía que no era así.
Ella nunca lo engañó. Nunca jugó con él.
Era él quien había creado esta situación.
Y ahora tenía que terminarla.
Buscó a Aisha en todo el colegio. La encontró en uno de los pasillos menos transitados, con su mochila colgada en un hombro, probablemente camino a su casa.
—Aisha.
Su voz la hizo detenerse.
Cuando volteó y lo vio, una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro. Pero desapareció en cuanto vio su expresión.
—¿Qué pasa? —preguntó con cautela.
Oroitz avanzó unos pasos hasta quedar justo frente a ella.
—Tenemos que hablar.
Aisha asintió, aunque en su pecho comenzó a crecer una sensación desagradable. Algo estaba mal. Él estaba diferente.
—Dime.
Oroitz cerró los ojos un segundo, tomando aire. Cuando los abrió, todo rastro de calidez en su mirada había desaparecido.
—He estado mintiéndote todo este tiempo.
El corazón de Aisha se detuvo.
—¿Qué... qué quieres decir?
—Lo que escuchaste. —La voz de Oroitz se volvió cortante, llena de resentimiento—. Nunca sentí por ti lo que tú sentías por mí. Nunca.
Aisha sintió como si le hubieran dado un golpe en el estómago.
—No... eso no puede ser cierto.
Pero Oroitz solo la miró con una expresión fría.
—¿Por qué no? —se burló—. ¿Porque querías creer en tu tonta fantasía de que algún día me enamoraría de ti?
Aisha dio un paso atrás. Eso dolió.
—¿Por qué me hiciste esto entonces? —su voz temblaba, llena de confusión y dolor—. Si no sentías nada, ¿por qué me besaste? ¿Por qué me diste esperanzas?
Oroitz se pasó una mano por el cabello, frustrado.
—Porque no quería perderte.
Aisha sintió cómo se le formaba un nudo en la garganta.
—¿Y por eso decidiste mentirme?
Oroitz bajó la mirada, sintiendo cómo la culpa lo consumía.
—Sí.
La primera lágrima cayó por la mejilla de Aisha. Todo su mundo se vino abajo en un solo instante.
No pudo soportarlo más.
Le dio una bofetada.
El sonido del golpe resonó en el pasillo vacío.
Oroitz giró el rostro por la fuerza del impacto, pero no reaccionó de inmediato. No la miró. No dijo nada.
Aisha temblaba de la cabeza a los pies.
—Eres un asco. —Sus palabras fueron como un veneno que salió de su pecho—. Eres el peor tipo de persona, Oroitz.
El corazón de Oroitz se llenó de furia. ¿Quién era ella para juzgarlo?
Volteó hacia ella con los ojos encendidos de rabia.
—¿Y tú qué? —espetó—. ¿No estabas con Emir?
Aisha lo miró con incredulidad.
—¿Eso qué tiene que ver?
—Me hiciste creer que estabas sola. Que me querías solo a mí.
Aisha negó con la cabeza.
—Yo nunca te mentí, Oroitz. Nunca jugué contigo.
Pero él ya no escuchaba razones. La furia lo cegó por completo.
—Cállate.
Aisha sintió miedo por primera vez. Oroitz nunca le había hablado así.
Y entonces, él levantó la mano.
Aisha contuvo el aliento.
No. No podía ser posible.
Pero antes de que pasara algo, alguien apareció de la nada y sujetó el brazo de Oroitz con fuerza.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo?
Oroitz se quedó helado. Era Emir.
Y detrás de él, Yuli, Cami y Dami lo miraban con expresiones de puro enojo.
Aisha dejó escapar un sollozo y corrió hacia sus amigas. Yuli la abrazó con fuerza, mientras Cami le acariciaba la espalda, tratando de calmarla.
Dami miró a Oroitz con furia.
—Eres un imbécil.
Emir lo soltó bruscamente y lo empujó hacia atrás.
—Si vuelves a acercarte a Aisha, te juro que lo pagarás.
Oroitz no dijo nada. Solo miró a Aisha una última vez.
Ella no lo miró de vuelta. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero su decisión era clara.
Lo había perdido para siempre.
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Flores Moradas
Teen Fictioncada momento, en cada persona los recuerdos no salen de la mente
