La música seguía vibrando por todo el salón. La pista de baile era un caos hermoso: risas, movimientos torpes, abrazos sin sentido y fotos borrosas.
Todo comenzó con una caja elegante que decía "grape delight". Las amigas de Aisha —especialmente Cami y Yuli— lo vieron en la tienda y pensaron:
—¡Jugo de uva! Perfecto para la fiesta.
Lo que no sabían... era que ese jugo tenía más grados de alcohol que todo lo que habían probado en su vida.
Al principio nadie se dio cuenta. Pero poco a poco, los efectos comenzaron a notarse.
Cami se reía por absolutamente todo.
—¡Yuli, tu cara parece un cupcake! —dijo, tirada en el suelo riendo como si fuera lo más gracioso del mundo.
—¡¿Qué?! ¡Ay, Cami, te amo! —respondía Yuli, abrazándola mientras también lloraba de la risa.
Dami estaba más seria, pero se notaba que también había tomado sin saberlo.
—Yo no estoy borracha... solo me siento... creativa —decía, mientras decoraba servilletas con plumones que había sacado de su bolso.
Dalia intentaba tomar fotos decentes, pero todas salían borrosas.
—¡¿Por qué todos tienen tres cabezas?! —reía, completamente confundida.
Lucas, aunque más tranquilo, también estaba un poco mareado. Le hablaba a una planta pensando que era un perro.
Y en una esquina, Ashura, que había probado un traguito, hizo una mueca y dejó el vaso a un lado.
—Puaj. Sabe horrible. Paso.
Mientras tanto, Emir estaba sentado al lado de Aisha, con la cabeza recostada en su hombro. Había tomado un poco, y aunque no estaba completamente ebrio, sí se notaba más suelto, más atrevido.
—Aisha... —murmuró, mirándola con esos ojitos entrecerrados— tú eres... eres tan linda que me dan ganas de... comerte a besos.
Aisha se rió, dándole un suave empujón en el hombro.
—¡Emir! Estás borrachito...
—No estoy borracho —dijo con voz dramática—. Solo... romántico, intensamente romántico.
Ella seguía riendo, sabiendo que no estaba hablando con la cabeza del todo.
—Aisha ven... vamos —dijo de repente, tomándola de la mano.
—¿A dónde?
—A un lugar más tranquilo, para seguir celebrando... solo tú y yo —dijo con una sonrisa traviesa.
Aisha dudó por un momento, pero su corazón latía fuerte, y su sonrisa también. Confiaba en él. Sabía que no haría nada malo.
Lo siguió, mientras él la guiaba entre risas hacia una zona más alejada del salón, con luces suaves y apenas ruido.
Estaban solos.
Emir se giró hacia ella, todavía con esa sonrisa boba y encantadora.
—¿Sabes qué quiero darte como tu último regalo de esta noche? —preguntó.
Aisha se sonrojó, bajando la mirada.
—¿Qué cosa?
Él se inclinó un poco, susurrándole al oído:
—Otro beso... pero de esos que se quedan grabados.
Aisha, entre risas nerviosas y mariposas en el estómago, lo miró a los ojos y...
Aisha lo besó. Un beso largo, cálido, como si el mundo entero hubiera desaparecido y solo quedaran ellos dos. Emir, entre sorprendido y feliz, se fue dejando llevar, hundiéndose poco a poco en el momento, como si el calor del cuerpo de Aisha fuera lo único que existía.
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Flores Moradas
Novela Juvenilcada momento, en cada persona los recuerdos no salen de la mente
