Decidí que lo mejor para todos era alejarme de Emir. No quería seguir confundiendo mis sentimientos, y sabía que si seguía viéndolo, las cosas solo se complicarían más. Me dolía, porque él había sido una presencia agradable en mi vida, pero me di cuenta de que mi corazón seguía aferrado a lo que sentía por Oroitz. A lo largo de todo este tiempo, había intentado encontrar algo similar a lo que había tenido con él, pero no podía. Nada se comparaba. No quería seguirle haciendo daño a Emir, ni arrastrarlo a un lugar donde yo misma no sabía qué quería.
Así que, con un nudo en el estómago, comencé a distanciarme de él. Dejé de buscarlo, dejé de responder sus mensajes tan rápido, e incluso empecé a evitar algunas de las conversaciones en las que solíamos estar juntos. Era difícil, pero sabía que era lo correcto. No quería que él se convirtiera en una "terapia" para olvidar a Oroitz, porque eso nunca iba a funcionar. Necesitaba espacio, y también él lo merecía.
Por otro lado, algo inesperado comenzó a suceder: Oroitz comenzó a acercarse a mí nuevamente. Al principio, era algo sutil. Quizás sólo un saludo más frecuente, una mirada que duraba un poco más de lo normal, o un comentario que insinuaba que estaba interesado en saber cómo me sentía. Mi corazón comenzó a latir más rápido, y me sentí confundida. ¿Acaso las cosas entre nosotros podían cambiar de nuevo? ¿Estaba él tratando de acercarse a mí? Por un momento, sentí que tal vez podría tener una oportunidad con él, pero pronto me di cuenta de que no era tan simple.
Oroitz, a pesar de mostrar señales de cercanía, también empezó a alejarse. Esto me desconcertó mucho más. Comencé a escuchar rumores sobre una chica que se le estaba acercando, alguien nueva que parecía haber captado completamente su atención. Una chica baja, con lentes grandes y una mascarilla que nunca se quitaba. Su presencia me resultaba extraña, casi inquietante. No la conocía, pero algo en mí reaccionó de inmediato. La veía como una rival.
Aunque no sabía nada sobre ella, y a pesar de que nunca había hablado con ella, sentí esa punzada de celos que, aunque intenté ignorar, me era imposible controlar. Cada vez que veía a Oroitz interactuar con ella, sentía como si mi oportunidad con él se desvaneciera una vez más. No solo se estaba alejando de mí, sino que ahora parecía que había encontrado a alguien más, alguien que tal vez podría ser lo que yo nunca fui para él.
Me sentía perdida, atrapada entre la confusión de lo que Oroitz podía estar sintiendo y el dolor de ver cómo se distanciaba. Sabía que no podía seguir aferrándome a lo que ya no estaba allí, pero ver cómo esa chica, que ni siquiera conocía, se interponía entre nosotros me hacía sentir como si todo lo que había soñado fuera una fantasía.
—¿Por qué me siento así? —me pregunté, mientras observaba desde lejos cómo Oroitz hablaba con ella, riendo bajo su mascarilla. Tal vez nunca llegaría a ser nada más que una chica más en la vida de Oroitz, y tenía que aceptarlo. Pero no podía evitar sentir que algo dentro de mí no estaba listo para dejarlo ir.
Ahora, más que nunca, me encontraba atrapada en una maraña de emociones contradictorias, y no sabía qué camino tomar.
El sufrimiento por Oroitz parecía no detenerse. Cada día que pasaba, me sentía más atrapada en un círculo de emociones que no lograba comprender ni controlar. Había momentos en los que trataba de distraerme con otras cosas, con mis estudios o con mis amigos, pero todo me volvía a llevar a él. A veces, me encontraba sola en mi habitación, recordando esos momentos en los que las cosas parecían más simples, antes de que todo esto se complicara tanto.
Con el tiempo, la tensión entre Oroitz y yo fue evidente para todos. Mis amigos comenzaron a notarlo, y la incomodidad creció. Dalia, mi mejor amiga, fue una de las primeras en darse cuenta de lo mucho que me estaba afectando todo esto. Al principio, trató de darme su apoyo, pero cuando vio que mi comportamiento hacia Oroitz seguía siendo tan inestable, las cosas entre nosotros comenzaron a cambiar. Ya no era solo que me preocupaba por él, sino que sentía que mi dolor estaba afectando a todo mi círculo cercano.
—Aisha, necesitas dejar de pensar en él —me dijo Dalia una tarde, después de un largo silencio en el que me había quedado mirando mi celular sin siquiera responderle.
—No puedo, Dalia... —respondí, mi voz temblando—. No puedo olvidarlo.
Dalia me miró fijamente, su expresión endurecida. Me preocupaba mucho que ella estuviera tan molesta. Siempre había sido mi mayor apoyo, pero sentía que mi sufrimiento le estaba pasando factura.
—Ya no te reconoces. —Sus palabras me hirieron. —Todo lo que haces es pensar en él, llorar por él, sufrir por él. ¿Y nosotros? ¿Tu familia? ¿Yo? A veces siento que no soy más que una espectadora en tu vida. Me duele verte así, pero tienes que entender que no podemos seguir arrastrándonos por lo que no nos hace bien.
Esas palabras calaron profundamente en mí. Sabía que tenía razón. Mi vida giraba alrededor de Oroitz, y mis amigos lo notaban. Pero aún así, no podía liberarme de la necesidad de estar cerca de él, de la esperanza tonta de que algún día las cosas cambiarían.
Lo peor fue cuando mi otro mejor amigo, también llamado Oroitz, comenzó a alejarse de mí de la misma manera. Él había sido el único con el que podía hablar sin temor a que me juzgara, pero poco a poco sus palabras se fueron tornando más duras y sus actitudes más distantes.
—Aisha, ¿en serio no te das cuenta de lo que está pasando? —me preguntó una tarde, en un tono de frustración.
Miré a mi amigo con los ojos llenos de lágrimas. No sabía cómo explicar lo que sentía, ni cómo hacer que entendiera mi dolor.
—Lo sé... lo sé, pero no puedo evitarlo. —Mi voz salió rota, como si estuviera atrapada en una jaula de emociones que no sabía cómo escapar.
Él suspiró, rascándose la cabeza. —Es que no estás viendo lo que está pasando. Oroitz no es quien tú crees que es. Y no estoy hablando solo de los sentimientos que tienes por él, sino de cómo nos afecta a todos. Ya no somos los mismos. No es justo que todos tengamos que sufrir por él.
Mis amigos comenzaron a cambiar, a volverse cada vez más distantes de mí, y más aún de Oroitz. Todos lo comenzaron a odiar, aunque ninguno lo dijera de manera directa. Había algo en su comportamiento, en cómo se había alejado sin ninguna explicación, que había hecho que se ganara el rechazo de todos. Dalia, quien antes era mi mayor apoyo, comenzó a ver a Oroitz como la causa de mis problemas, y sin quererlo, se alió con los demás para rechazarlo.
Cada vez me encontraba más aislada. Mis amigos me daban consejos sobre cómo superar a Oroitz, pero yo sabía que estaba lejos de lograrlo. La distancia entre nosotros aumentaba, y el odio que mis amigos sentían por él no hacía más que profundizar la brecha.
—¿Por qué no lo dejas atrás, Aisha? —me decía Dalia, casi exasperada. —Él no te merece, no merece tu tiempo. Nos estás lastimando a todos.
Mis amigos, aunque con buenas intenciones, solo lograban empeorar las cosas. No entendían el dolor que sentía, ni lo difícil que era para mí simplemente respirar sin pensar en él. Mi corazón seguía deseando lo imposible, y la realidad de que no podía tenerlo solo me sumía más en la tristeza.
Ahora me encontraba atrapada en medio de la decepción y la soledad. Mientras todos me decían que lo dejara ir, mi alma no podía hacer otra cosa que seguir aferrándose a un amor que ya no existía, o al menos no en la forma en que yo lo deseaba.
continuara...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.