capitulo #19

6 0 0
                                        

A veces, cuando estaba sola en mi habitación, pensaba en cómo había llegado hasta este punto. Me decía a mí misma que estaba bien, que estaba siguiendo adelante con Emir, que mi vida finalmente estaba tomando un rumbo diferente. Pero en el fondo... en el fondo aún dolía. Aún sentía ese nudo en el pecho cuando pensaba en Oroitz.

No quería aceptarlo. No quería seguir atada a él. Pero el corazón no entiende de lógica.

Las cosas con Emir iban bien. Aunque él era tres años mayor y estudiaba en otro plantel, siempre encontraba tiempo para hablarme, para asegurarse de que yo estuviera bien. Me hacía sentir importante, como si de verdad le importara lo que pasaba en mi vida. Y sin embargo, cada vez que hablábamos, una parte de mí se sentía culpable.

No era justo para él. Emir merecía una versión de mí que estuviera completamente presente, completamente segura. Y yo aún no era esa persona.

Pero lo que más me pesaba en ese momento no era ni Emir ni Oroitz... sino mi madre.

Desde que tenía memoria, su manera de hablarme siempre había sido dura. Críticas constantes, palabras que se clavaban en mi pecho como espinas. No importaba cuánto me esforzara, cuánto tratara de hacerla feliz. Nunca parecía suficiente.

—Siempre estás en tu mundo, Aisha. No haces nada bien. ¿Cuándo vas a madurar? —me había dicho esa mañana, cuando intenté explicarle por qué mis notas habían bajado el último semestre.

—Estoy tratando... —respondí en voz baja, evitando su mirada.

—¿Tratando? No sirve de nada "tratar" si al final fracasas —su risa fue amarga—. Si sigues así, no vas a llegar a ninguna parte.

Esas palabras se quedaron conmigo todo el día. Me hicieron sentir pequeña, inútil. Como si realmente no valiera nada.

Ese peso, combinado con la confusión en mi corazón, hizo que mi ánimo se desplomara. Me sentía agotada. Como si estuviera peleando una guerra dentro de mí y perdiendo en todos los frentes.

Esa noche, Emir me llamó.

—Hey, ¿cómo estás? —su voz era suave, tranquilizadora.

Quise mentir. Decirle que estaba bien. Pero algo en su tono me hizo bajar la guardia.

—No tan bien —admití, sintiendo un nudo en la garganta.

—¿Quieres hablar de eso?

Dudé. No quería sonar débil, pero también necesitaba sacar todo lo que tenía dentro. Así que respiré hondo y le conté. Le hablé de mi madre, de cómo me hacía sentir, de cómo a veces pensaba que nunca sería suficiente para ella.

Hubo un silencio al otro lado de la línea, pero no era incómodo. Era un silencio de alguien que realmente estaba escuchando.

—Lamento mucho que tengas que pasar por eso, Aisha —dijo finalmente—. Pero quiero que recuerdes algo... Su opinión no define quién eres. No dejes que sus palabras te hagan olvidar tu valor.

Me mordí el labio, sintiendo que mis ojos se llenaban de lágrimas.

—Es difícil...

—Lo sé. Pero quiero que sepas que no estás sola. Estoy aquí para ti.

Esas palabras fueron suficientes para hacerme romper en llanto. No solo porque me sentía mal, sino porque era la primera vez en mucho tiempo que alguien me decía algo así.

Después de esa llamada, me sentí un poco más ligera. Pero cuando apagué la luz para dormir, la sombra de Oroitz volvió a mi mente.

¿Por qué todavía lo amaba? ¿Por qué no podía simplemente dejarlo ir?

Sabía que Emir era bueno para mí. Sabía que con él podría construir algo bonito, algo sano. Y aún así... Oroitz seguía ahí. Como una herida que nunca terminaba de sanar.

Cerré los ojos con fuerza, tratando de empujar esos pensamientos lejos.

Pero en el fondo, sabía la verdad.

Podía mentirle a todos. Pero no podía mentirme a mí misma.

Aún lo amaba. Y no tenía idea de cómo dejar de hacerlo.

fin del capitulo....

fin del capitulo

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora