Sus amigas lo notaban y, honestamente, les encantaba verlos así.
Cami y Yuli eran las que más se emocionaban con cualquier interacción entre ellos. Dami, aunque no lo demostrara tanto, también estaba feliz por Aisha. Después de todo lo que había pasado, lo único que quería era verla bien.
Y lo estaba.
Aisha se veía más tranquila, más relajada, más feliz.
Y todo eso, sin duda, tenía que ver con Emir.
Por otro lado, Oroitz había comenzado a salir con una chica nueva.
Se llamaba Ambar.
Y era completamente diferente a Aisha.
Si Aisha era dulce, tranquila y bondadosa, Ambar era todo lo contrario.
Era envidiosa, caprichosa, gritona, problemática y molesta.
Siempre quería llamar la atención.
Si algo no salía como ella quería, hacía un berrinche.
Y, aun así, Oroitz estaba con ella.
Aisha lo notó un día mientras caminaba con Emir.
Iban por el pasillo de la escuela, riéndose de alguna tontería, cuando, de repente, lo vio.
Oroitz estaba agarrado de la mano de Ambar.
Y no solo eso.
Se estaban besando.
Aisha se quedó viéndolos por unos segundos.
Esperaba sentir algo.
Pero no sintió nada.
Ni mariposas, ni nostalgia, ni celos.
Nada.
Solo una sensación de extrañeza.
Quizás porque nunca imaginó a Oroitz con alguien como Ambar.
—¿Estás bien? —preguntó Emir, mirándola.
Aisha parpadeó y desvió la mirada de inmediato.
—Sí... sí, estoy bien.
Y era cierto.
Ya no le importaba Oroitz.
El chico que la había hecho llorar tantas veces, ya no significaba nada para ella.
—Vamos —dijo Emir, y Aisha asintió, tomando su mano sin darse cuenta.
Emir sonrió en silencio.
Después de clases, Aisha invitó a Emir a su casa.
—Para pasar el tiempo... como amigos —dijo.
Disque amigos.
Emir aceptó sin pensarlo mucho.
Llegaron a la casa de Aisha y se encerraron en su cuarto.
Como siempre, comenzaron a hablar de cualquier cosa, riéndose de tonterías.
Pero entonces, Aisha tuvo una idea.
Lo miró con una sonrisa traviesa.
—Oye, Emir...
—¿Mmm?
—Déjame maquillarte.
Emir casi se atraganta.
—¿¡Qué!?
—Déjame maquillarte —repitió, sonriendo con picardía.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí, por favor.
—Aisha, no...
—¡Por favor! ¡Solo un poco!
Emir suspiró, cruzándose de brazos.
—No.
Aisha infló las mejillas, haciéndose la enojada.
—Vamos, ¿qué tiene de malo?
—No quiero.
Aisha se quedó en silencio por unos segundos.
Y luego puso su mejor cara de cachorrito triste.
—¿No lo harás por mí...?
Emir la miró con desesperación.
—No me hagas eso.
Aisha puso los ojitos aún más tiernos.
—Por favor, Em...
Emir suspiró derrotado.
—... Está bien.
Aisha sonrió emocionada.
—¡Sí!
Se levantó de la cama rápidamente y sacó su estuche de maquillaje.
Emir la miró con cara de sufrimiento.
—Que no sea mucho.
Aisha sonrió con picardía.
—Claro, claro...
Y así, comenzó la transformación de Emir.
Pero... ¿cómo quedaría?
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