El día después de lo sucedido, la atmósfera en el colegio estaba diferente. Aisha se sentía algo intranquila. Había pasado la noche pensando en lo que había hecho con Emir. No sabía si había tomado la decisión correcta al besarle de esa manera. Se sentó en un rincón del patio escolar durante el receso, mirando al vacío. Su mente estaba llena de dudas, pero a la vez no podía evitar sonreír cuando pensaba en él.
Mientras tanto, Emir había planeado algo. Después de las clases, había citado a las amigas de Aisha en el parque cercano al colegio. Estaba nervioso, pero también emocionado. Había decidido que ya no podía esperar más. Quería declarársele a Aisha, pero no sabía cómo hacerlo sin meter la pata. Necesitaba la ayuda de sus amigas. Y, por supuesto, no podía dejar pasar la oportunidad de hablar con ellas.
Las gemelas Yuli y Cami llegaron primero, seguidas por Dalia, que parecía un poco más pensativa de lo normal. Ellas lo miraban con ojos brillantes, claramente emocionadas.
—Emir, ¿estás seguro de esto? Porque si haces esto, no hay vuelta atrás—dijo Yuli, con una sonrisa pícara.
—Sí, estoy seguro. Ya no puedo seguir ocultando lo que siento. Necesito saber si Aisha siente lo mismo—respondió Emir, nervioso pero decidido.
Dalia, que estaba más tranquila que las demás, asintió con una mirada comprensiva. "Lo que sea que hagas, hazlo con el corazón. Aisha no es una persona fácil de engañar, pero si realmente la amas, ella lo sabrá."
—¡Exacto!—exclamó Cami. —Solo tienes que ser honesto con ella. Sé que esto va a salir bien.
Las tres amigas parecían tener toda la confianza en él. Emir se sintió un poco más aliviado. Si sus amigas creían que podía hacerlo, entonces tal vez estaba listo para dar el siguiente paso.
—Gracias, chicas. No sé qué haría sin ustedes— dijo Emir, agradecido.
Antes de que pudieran continuar, Aisha apareció, caminando sola hacia el grupo, con la mirada perdida. Cuando la vio, Emir sintió como si su corazón diera un vuelco. Sabía que ese momento había llegado, y tenía que ser ahora.
—Hola— saludó Aisha con una sonrisa tímida, pero Emir pudo ver la incertidumbre en sus ojos.
—¡Aisha! Estábamos esperando para hablar contigo, en realidad... Emir quería decirte algo—dijo Cami, con una mirada cómplice a Emir.
Aisha lo miró, sorprendida.—¿Algo que... quiero decirme?
Emir tragó saliva, y todos los ojos se centraron en él. Se acercó lentamente, nervioso, pero decidido. Miró a Aisha, y por un segundo, todo lo demás desapareció. Solo estaba ella. Solo él.
—Sí... quiero decirte que, desde que te conocí, me di cuenta de que eres la persona con la que quiero estar. Y, no puedo seguir escondiéndolo. Me gustas mucho, Aisha. Más de lo que jamás imaginé. Y no sé si tú sientes lo mismo, pero... quería que lo supieras.
Aisha lo miró, sin saber qué decir. Sus amigas estaban observando atentamente, ansiosas por la reacción de Aisha.
Emir trató de leer su rostro, pero no podía leerlo. Aisha estaba en silencio, mirando al suelo. Entonces, finalmente, levantó la mirada y lo miró con una expresión cálida, pero pensativa.
—Emir... yo también...—comenzó a decir, pero se detuvo por un momento, mirando a sus amigas y luego a él, un poco confundida.—No estoy segura, pero lo que pasó ayer, todo lo que hemos vivido... me hace pensar que tal vez... tal vez hay algo entre nosotros.
La respuesta de Aisha hizo que Emir sonriera, pero sabía que aún no estaba todo resuelto. Lo importante era que había dado el paso, y que ahora las cosas podían ser diferentes entre ellos.
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Flores Moradas
Ficțiune adolescențicada momento, en cada persona los recuerdos no salen de la mente
