Aisha lo sabía.
Sabía que su corazón empezaba a sentir algo por Emir.
Pero le daba pena admitirlo.
No porque no quisiera, sino porque aún tenía miedo... miedo de lo que significaba enamorarse otra vez.
Era diferente con Emir.
Él nunca la había lastimado, nunca la había engañado. Siempre estuvo ahí, incondicionalmente.
Pero aceptar lo que sentía por él era otra historia.
Así que lo ocultaba, como si no pasara nada.
Aunque su corazón cada vez le costaba más hacerle caso a su mente.
La última clase del día siempre era la más pesada.
Aisha había estado sintiendo mucho cansancio últimamente, así que sin darse cuenta, se quedó dormida en su escritorio.
El salón se fue vaciando poco a poco, hasta que solo quedaron algunos compañeros saliendo lentamente.
Emir estaba afuera, apoyado en una pared, esperando a Aisha para irse juntos.
Pero pasó el tiempo... y ella no salía.
Frunció el ceño.
—¿Dónde está Aisha?
Decidió entrar al salón y, para su sorpresa, la encontró dormida sobre su escritorio.
Se quedó quieto por un momento, observándola.
Se veía tan linda.
Su cabello caía suavemente sobre su rostro, sus labios estaban levemente entreabiertos, respiraba con tranquilidad.
Era una imagen que Emir no podía dejar de mirar.
Le gustaba demasiado.
Sin pensarlo mucho, se sentó en el asiento de al lado.
Solo la miraba.
Sabía que no debía, pero era inevitable.
Aisha tenía algo que lo atraía, algo que lo hacía querer estar a su lado cada segundo del día.
Mientras la observaba, se preguntó si ella podría sentir lo mismo por él.
No lo sabía.
Pero deseaba que sí.
Pasaron algunos minutos más, hasta que Aisha empezó a moverse un poco.
Emir rápidamente desvió la mirada y fingió estar revisando su celular.
Aisha se frotó los ojos y bostezó antes de ver a Emir.
—Mmm... ¿Qué hora es? —preguntó con voz adormilada.
Emir la miró y sonrió con ternura.
—Hora de irnos.
Aisha asintió, todavía algo dormida.
Emir se levantó y, sin pensarlo, tomó la mano de Aisha para ayudarla a ponerse de pie.
Pero justo cuando ella dio un paso, se tropezó y cayó directo encima de Emir.
—¡Ah!
Emir trató de sostenerla, pero el impulso fue demasiado y ambos terminaron cayendo al suelo.
Lo curioso era cómo habían caído.
Aisha estaba encima de Emir, sus rostros peligrosamente cerca.
Podía sentir su respiración, podía ver su mirada profunda, podía escuchar el fuerte latido de su propio corazón.
Emir tampoco se movió.
Solo la miraba.
—Aisha... —murmuró, con voz suave.
Aisha tragó saliva.
El tiempo pareció detenerse.
Emir se acercó lentamente a ella.
Aisha no se alejó.
Su corazón latía cada vez más rápido, pero su cuerpo no quería apartarse.
Emir iba a besarla.
Y Aisha... también quería besarlo.
Pero entonces, las gemelas aparecieron.
—¡Aisha, Emir, vámonos ya que...!
Se detuvieron en seco.
—Oh...
Se miraron entre ellas y luego volvieron a ver la escena frente a ellas.
Aisha y Emir, en el suelo, con sus rostros tan cerca que parecía que estaban a punto de besarse.
Hubo un silencio incómodo.
Luego, las gemelas rieron.
—Ay, parece que interrumpimos algo, ¿no? —dijo Cami, con una sonrisa traviesa.
—Esto parece una escena de BL o un K-drama —añadió Yuli, divertida.
Aisha se puso roja como un tomate.
Emir desvió la mirada, avergonzado.
—¡No es lo que parece! —dijeron al mismo tiempo.
Las gemelas solo se miraron entre ellas con una sonrisa burlona.
—Sí, claro, claro.
—Nosotras nos vamos, eh, no queremos interrumpir más...
Yuli le guiñó un ojo a Aisha antes de salir corriendo con su hermana, riéndose.
Aisha suspiró, todavía con el rostro caliente de la vergüenza.
—Dios...
Se bajó de Emir rápidamente y se puso de pie, evitando mirarlo.
Emir también se levantó, rascándose la nuca.
Hubo un silencio incómodo entre ellos.
Aisha estaba demasiado avergonzada.
¿De verdad casi se besaban?
—Bueno... eh... —Emir carraspeó la garganta—. ¿Nos vamos?
Aisha asintió rápido.
—Sí... sí, vámonos.
Ambos salieron del salón, sin decir nada, pero sintiendo la electricidad en el aire.
Aisha sabía que había estado a punto de pasar algo.
Y aunque todavía le daba miedo admitirlo...
Su corazón ya había elegido a Emir.
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Flores Moradas
Teen Fictioncada momento, en cada persona los recuerdos no salen de la mente
