Capitulo#38

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El baño estaba en completo silencio. Lo único que se escuchaba era el suave sonido del agua corriendo y la respiración entrecortada de Aisha.

Emir seguía limpiando su herida, con la camisa ahora manchada de sangre. Aisha lo miraba fijamente, sin saber qué decir.

Su rostro estaba tan cerca del de ella.

Y entonces, Emir levantó la mirada.

Sus ojos color verde se clavaron en los de Aisha, llenos de una mezcla de ternura, dolor y algo más... algo que ella no se atrevía a nombrar.

El ambiente cambió.

Aisha sintió un leve escalofrío recorrer su espalda.

Emir movió lentamente su mano, apartando un mechón de su cabello.

Sus dedos rozaron su mejilla con una suavidad que la hizo estremecerse.

—Aisha... —murmuró con voz ronca.

Ella no apartó la mirada.

Fue en ese momento que Emir, como si no pudiera evitarlo, comenzó a inclinarse hacia ella.

Aisha lo notó.

Su corazón latió con fuerza, sintiendo cómo la distancia entre ellos desaparecía poco a poco.

Y justo cuando los labios de Emir estaban a punto de tocar los suyos, ella reaccionó.

—Emir... —susurró su nombre, con un tono que lo hizo detenerse.

El chico abrió los ojos de golpe y parpadeó, como si de pronto regresara a la realidad.

Retrocedió de inmediato, sintiéndose culpable.

—Lo siento. —Dio un paso atrás, evitando su mirada—. Yo no debí...

Aisha siguió en silencio.

No es que le disgustara la idea de que Emir la besara, pero todavía estaba sanando. Su corazón aún tenía heridas, aún sentía el peso de lo que pasó con Oroitz.

Emir se pasó una mano por el cabello, frustrado consigo mismo.

—No quiero que pienses que estoy aprovechándome de lo que te pasó. —Se mordió el labio, avergonzado—. Yo... te quiero, Aisha. Pero sé que ahora no es el momento.

Aisha sintió un calor extraño en el pecho.

Escuchar a Emir decir esas palabras con tanta sinceridad... le hacía sentir algo diferente.

Se quedó callada por un momento, y luego levantó una mano y la apoyó en su mejilla.

—Gracias por estar aquí.

Emir sonrió con tristeza y asintió.

El momento se rompió cuando escucharon la voz de Yuli desde afuera del baño.

—¡Aisha! ¡¿Sigues viva?!

Se escuchó la risa de Cami.

—Hermana, claro que sigue viva, no exageres.

Aisha se rió, sacudiendo la cabeza.

—Ya salgo.

Emir también soltó una pequeña risa, dejando la tensión a un lado.

Cuando salieron, las gemelas corrieron hacia ella con expresión preocupada, pero a la vez emocionadas.

—¡Dios, Aisha, lo que nos enteramos! —exclamó Yuli.

—¡Ese maldito de Oroitz te mordió! —dijo Cami, indignada—. ¿Qué se cree? ¿Un perro? 

—Y lo peor es que ni siquiera es el que queremos ver. —agregó Yuli, cruzándose de brazos.

Aisha no pudo evitar reír.

Cami la agarró del brazo y la miró seria.

—Pero hablando en serio... ¿estás bien?

Aisha asintió, aunque por dentro aún sentía un nudo en el pecho.

Dami, que había estado más callada, se acercó a Emir y lo miró fijamente.

—¿Qué pasó ahí dentro?

Emir se puso un poco nervioso.

—Nada, solo... la ayudé con la herida.

Dami entrecerró los ojos, como si no le creyera del todo, pero decidió no insistir.

—Bueno, entonces vámonos. —suspiró, tomando su mochila—. No quiero estar ni un segundo más en este lugar.

Todos asintieron. Salieron del colegio juntos, pero al hacerlo, se encontraron con alguien inesperado.

Dalia estaba esperando afuera.

Aisha se tensó de inmediato.

Las gemelas también la miraron con desconfianza.

Dalia se acercó lentamente.

—¿Puedo hablar contigo? —le preguntó a Aisha.

Dami bufó.

—¿Para qué? ¿Para decirle que la culpa fue de ella?

Dalia la miró seria.

—No. —Suspiró—. Quiero disculparme.

Aisha frunció el ceño.

—¿Por qué?

Dalia bajó la mirada.

—Porque fui injusta contigo. Porque me enfoqué tanto en lo que yo pensaba que ignoré cómo te sentías tú.

Aisha seguía en guardia, pero algo en el tono de Dalia parecía genuino.

—No quiero pelear más. —Dalia levantó la mirada—. Y no quiero perder a mi amiga.

Las gemelas intercambiaron miradas, sin saber qué pensar.

Aisha se quedó en silencio.

No podía olvidar todo lo que había pasado entre ellas... pero tampoco podía negar que en el fondo, extrañaba la amistad de Dalia.

Después de unos segundos de tensión, Aisha tomó aire y asintió.

—Hablaremos después.

Dalia pareció aliviada.

—Gracias.

Dami resopló, pero no dijo nada.

Las chicas se alejaron juntas, mientras que Emir las observaba con una ligera sonrisa.

Poco a poco, Aisha estaba recuperando su vida.

Y aunque aún quedaban heridas abiertas, al menos ya no estaba sola.

Y aunque aún quedaban heridas abiertas, al menos ya no estaba sola

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Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora